Es hora de proclamar: bienvenidos a la era de los BRICS. La multipolaridad es el futuro
Lorenzo María Pacini, Strategic Culture
Dando forma al futuro a través de la geopolítica
La XVIII Cumbre de los BRICS concluyó en Nueva Delhi el 13 de septiembre de 2026 con un documento de 140 párrafos. Quienes busquen noticias sensacionalistas encontrarán poco: no se anunció una moneda común, ni una alianza militar, ni una ruptura formal con el orden liderado por Washington. Sin embargo, quienes lo lean como un documento se darán cuenta de que tienen ante sí algo más singular que una noticia: una lección de gramática.
La Declaración de Nueva Delhi no recoge tanto las acciones de los BRICS como la forma en que han optado por describir el mundo; y la descripción siempre precede a la acción. En este sentido, conviene, en primer lugar, retomar el vocabulario de la geopolítica clásica, que no ofrece un marco para aplicar desde fuera, sino, más útilmente, los conceptos que los redactores del texto parecen haber interiorizado ya.
La premisa útil es que la geopolítica no estudia principalmente la relación entre el Estado y el espacio, como sostenía Kjellén, sino más bien la relación entre la sociedad y la civilización y un espacio percibido como cualitativo. El espacio no es el plano cartesiano homogéneo de la física moderna, donde cada punto es equivalente a cualquier otro; está cargado de significado, orientado y habitado por la memoria. Cada civilización aporta su propia inteligencia colectiva al mapa —su propia interpretación del mundo— y las formas políticas se derivan de esa interpretación. Si esto es cierto, entonces un documento diplomático debe examinarse primero a la luz de una pregunta simple: ¿desde qué posición en el espacio habla? ¿Quién se imagina ser y a quién imagina ante sí?
La respuesta, en Nueva Delhi, es clara: la declaración habla desde la tierra y habla contra el mar, no en estos términos exactos, que permanecen implícitos, sino con una coherencia que se hace evidente línea por línea.













