Recuérdame cómo fue el día que nos conocimos. Que pensabas, a qué te olía la mañana. Por qué te quedaste?
Quiero encontrar otro ángulo del mejor de mis recuerdos. Sentir en pecho ajeno mis nervios y descompostura. Añorar en cabeza ajena. Vivir -que no revivir- otro tiempo.
Así, quizás, se nos pase el fin del verano sin vernos.