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Cubierta (construcción)

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Pabellón de la República Española para la Exposición Internacional de París de 1937, de Josep Lluís Sert y Luis Lacasa (réplica en Barcelona de 1992), de estilo racionalista con cubierta plana.

Una cubierta es, en arquitectura, el elemento constructivo que constituye la parte exterior de la techumbre de un edificio[1] y cumple la función de cerramiento, protegiendo la estructura[2] de los agentes climáticos, a la vez que garantiza su aislamiento acústico y térmico. De manera genérica, se consideran sinónimos para definir el mismo elemento los términos techo, techado y tejado.[1]

Función

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La cubierta de una construcción cumple distintas funciones:

  1. Proteger el interior del edificio de los elementos ambientales exteriores como la lluvia, el viento, el sol, etc.
  2. Evitar que el agua se estanque en la superficie del techo, canalizándola.
  3. Proporcionar aislamiento térmico y acústico.
  4. Aportar un valor estético.

Aislamiento

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Algunos materiales usados en cubiertas vegetales como la paja o el brezo, o de origen mineral como la pizarra o la teja de barro cocido, tienen excelentes propiedades de aislamiento por sí mismos. En el caso de emplear materiales poco aislantes, se añaden otros elementos adicionales debajo de la capa exterior, como techos instalados bajo la estructura del tejado. Se pueden utilizar como aislamiento intermedio o directo baldosas de hormigón, láminas de poliestireno extruido o poliestireno expandido, espuma de poliuretano, materiales bituminosos,[3] superficies reflectantes,[4] con alta reflectividad y alta emisividad térmica,[5] u otro tipo materiales eficientes.[3][5][6] Debido a que aproximadamente el 30% de las pérdidas energéticas de los edificios se producen por las cubiertas,[4] y con el propósito de garantizar la eficiencia energética, en algunos países las características de los materiales aislantes se encuentran reguladas por ley.[7][8][9]

Una función básica de la cubierta es impedir la entrada de agua en el interior de la construcción. En general, esto se consigue dotando de inclinación al tejado, la cual dependerá de la zona climática en la que se encuentre la casa. Así, en áreas de poca lluvia los techos serán de pendiente baja, mientras que en áreas de mucha lluvia y nieve serán más inclinados.[9] El agua de lluvia canalizada desde la cubierta puede ser perjudicial para el edificio si este no cuenta con un drenaje adecuado, ya que puede filtrarse a través de las paredes. Por esta razón, es común la disposición de aleros como sistema para proteger las paredes del edificio, a los que se les asocia un sistema de canalones[2] que canaliza las aguas pluviales recogidas por la cubierta a la red general de desagüe.[9]

Palloza gallega con cubierta vegetal de brezo

Tipos de cubierta

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De modo general se distingue entre cubierta inclinada y cubierta plana, según su inclinación respecto al plano del suelo.[2] Ambos tipos tienen una gran tradición en la arquitectura.

Las inclinadas se utilizaban más en climas principalmente lluviosos, pues permiten desalojar el agua por simple gravedad, y las planas en climas más secos, donde el problema de la lluvia es episódico y el de nieve casi desconocido; las cubiertas en forma de terraza tienen aprovechamiento o habitabilidad en las noches de las épocas más cálidas, incluso para dormir al aire libre.[10][11]A medida que fueron evolucionando los sistemas de impermeabilización, la cubierta plana se extendió también a climas lluviosos,[12] llegando a convertirse en una de las características de la arquitectura racionalista de primer tercio del siglo XX.

Cubiertas inclinadas

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Cada plano que forma una cubierta inclinada se denomina faldón. Las aristas que separan a cada faldón se llaman limas, que pueden ser limahoya (en la parte cóncava), limatesa (en la parte convexa) o lima de quiebro (entre paños con diferente inclinación).[2] La lima superior de coronación se llama cumbrera, caballete o gallur. Los extremos inferiores que sobresalen y se alejan más allá del plano de la fachada para impedir la caída del agua en el edificio, se llaman alero o alar.

Los elementos que pueden aparecer en una cubierta, para iluminar y ventilar el interior se suelen llamar lucernarios. En cubiertas inclinadas tradicionales, pueden recibir los siguientes nombres: la beata, también llamada buharda o buhardilla; el gablete, el lucero, lucernario, lumbrera o claraboya; y la montera. Para describir la forma de las cubiertas inclinadas se suele hacer referencia al número de faldones, a los que -especialmente en este caso- se les llama "aguas", así se habla de cubiertas a un agua, a dos, tres, cuatro o más aguas. En las cubiertas a dos aguas, los cerramientos del edificio hacia los que no vierte el agua, acaban en una forma triangular que se denomina hastial o piñón.[2]


Cubierta plana o aterrazada

Cubierta a un agua

Cubierta a dos aguas

Cubierta a cuatro aguas

Cubierta en pabellón, a cuatro aguas

Cubiertas planas

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El mayor problema de las cubiertas planas es que están sometidas a grandes diferencias de temperatura por lo que se deben dividir en "cuarteles", es decir secciones de tamaño no demasiado grande (se suele aceptar que tengan una dimensión máxima de 6 m en cualquier sentido), dejando una junta de dilatación entre ellas. Cada cuartel forma una especie de embudo con los bordes perimetrales horizontales y desde ellos, se forman faldones con poca pendiente hacia el punto de desagüe. En edificaciones pequeñas, se hacen al revés, de forma semejante a las cubiertas inclinadas, desaguando hacia fuera del perímetro de la edificación, pero con menor pendiente. Hay técnicas para evitar tener que hacer estas divisiones tan pequeñas, como la cubierta invertida. En ciertos tipos de cubiertas planas, como la llamada cubierta a la catalana, también se prolonga la cubierta fuera del plano de fachada formando un alero, en general menos saliente que en las cubiertas inclinadas.

Cubierta de pizarra.
Elementos de una cubierta inclinada.
Cubierta moderna en un garaje de Londres.

Materiales

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Antigüedad clásica

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En la Antigua Grecia y en Roma, las cubiertas inclinadas se revestían habitualmente con tejas de terracota, mientras que en los edificios más representativos, como algunos templos, se emplearon tejas labradas en mármol u otros materiales pétreos.[13] La arquitectura griega desarrolló dos sistemas principales de tejado: el llamado laconio, compuesto por piezas curvas, y el corintio, que combinaba tejas planas con cobijas de sección angular o curva dispuestas sobre las juntas.[13]

Los romanos generalizaron un sistema de dos piezas cerámicas: la tégula, teja plana con rebordes laterales que actuaba como canal, y el ímbrice, pieza semicilíndrica que cubría la junta entre dos tégulas contiguas e impedía la entrada del agua.[14]

Teja curva o árabe

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La denominada teja árabe o teja curva es una pieza cerámica de forma troncocónica, muy semejante al ímbrice romano, del que deriva.[14] Su principal ventaja reside en que una sola pieza, siempre idéntica, resuelve todos los elementos del tejado inclinado. Colocada con la cara cóncava hacia arriba forma las canales por las que discurre el agua, y colocada en posición invertida forma las cobijas que cubren las juntas entre canales. Además, permite rematar los encuentros del faldón, como caballetes, limatesas y limahoyas. Su difusión en la península ibérica durante la Edad Media, vinculada a la arquitectura de al-Ándalus, explica la denominación con que se la conoce en español.[cita requerida]

Cubiertas de losas de piedra

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En las regiones que disponían de yacimientos adecuados, se emplearon como material de cubrición losas planas de piedra, principalmente de pizarra. En las cubiertas de piezas planas, el agua puede ascender por capilaridad entre las piezas superpuestas o ser impulsada por el viento bajo ellas. Por ello, estas cubiertas requieren pendientes pronunciadas y un solape suficiente entre hiladas, que debe aumentar a medida que disminuye la inclinación del faldón. Como consecuencia, el peso por unidad de superficie de este tipo de cubierta es elevado. En cambio, la pizarra de buena calidad es un material muy resistente a la intemperie y a las heladas, y su durabilidad puede superar el siglo.[15]

Cubiertas de tierra

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En las regiones de clima especialmente árido, la arquitectura vernácula ha empleado tradicionalmente, y aún emplea, tierra sin cocer apisonada para rematar las cubiertas planas. Por lo general, la tierra se extiende sobre un entramado de vigas de madera, ramas o cañas, y la escasez de precipitaciones permite su uso con un mantenimiento periódico relativamente sencillo.[16]

Cubiertas planas

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En el ámbito mediterráneo, las cubiertas planas o azoteas se resolvían también con piezas cerámicas. Se disponían sobre soluciones constructivas que absorbían las dilataciones térmicas del pavimento sin transmitirlas a la estructura que protegían.[cita requerida] La capa superior, situada sobre las distintas capas que actuaban como impermeabilizante, se protegía mediante baldosines cerámicos. En España se emplearon el baldosín de Ariza y otro de menor tamaño y espesor, el baldosín catalán.[cita requerida] Este último está emparentado con la rasilla, pieza cerámica delgada que en la tradición constructiva catalana y valenciana se utilizaba tanto para pavimentar azoteas como para construir bóvedas tabicadas.[17]

Cubiertas modernas

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A lo largo del siglo XX, la aparición de nuevos materiales y de métodos de cálculo más avanzados permitió el desarrollo de cubiertas ligeras capaces de salvar grandes luces con un consumo mínimo de material. Entre ellas destacan las cubiertas tensadas o estructuras de membrana, que retoman de forma tecnificada el principio constructivo de la tienda de campaña y que se han convertido en una de las soluciones características de los grandes recintos deportivos, aeropuertos y espacios de exposición.[18]

Principios estructurales

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Una membrana textil solo puede resistir esfuerzos de tracción, por lo que su estabilidad depende de la forma que adopta y del pretensado que se le aplica. Para resistir tanto las cargas gravitatorias, como la nieve, como la succión del viento, la superficie debe presentar doble curvatura de signo opuesto, es decir, una geometría anticlástica o «en silla de montar». La membrana se ancla a elementos rígidos de apoyo, como mástiles, arcos, cables de borde o anillos perimetrales.[18][19]

Como la forma de estas cubiertas no puede fijarse arbitrariamente, su diseño exige un proceso de búsqueda de forma (form-finding), que determina la geometría de equilibrio de la superficie pretensada. Este proceso se realizó en un principio mediante modelos físicos, como las películas de jabón, y en la actualidad se lleva a cabo con métodos numéricos. A partir de la geometría obtenida se elabora el patronaje, es decir, el despiece de la superficie en paños planos que se cortan y se unen por soldadura o costura.[19][18]

El arquitecto alemán Frei Otto fue uno de los pioneros de esta disciplina. Entre sus obras más influyentes figuran el pabellón de Alemania en la Expo 67 de Montreal, formado por una red de cables con una membrana textil suspendida, y la cubierta del Parque Olímpico de Múnich para los Juegos Olímpicos de 1972. Esta última, proyectada en colaboración con el estudio de Günter Behnisch, consiste en una gran red de cables revestida de paneles de vidrio acrílico.[20]

Materiales de membrana

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Los tejidos estructurales empleados en cubiertas constan de un soporte de fibras, que aporta la resistencia mecánica, y de un recubrimiento que lo protege de la intemperie y garantiza la estanqueidad. Los dos tipos más utilizados son los siguientes:[18][19]

  • El tejido de fibra de vidrio recubierto de politetrafluoroetileno (PTFE) es incombustible, muy resistente a la radiación ultravioleta y de gran durabilidad. Su superficie antiadherente favorece la autolimpieza con la lluvia, y su translucidez permite el paso de luz natural difusa. Es el material habitual en las cubiertas permanentes de gran tamaño.
  • El tejido de poliéster recubierto de policloruro de vinilo (PVC) es más económico y flexible, lo que lo hace adecuado para estructuras temporales, desmontables o retráctiles. Su vida útil es menor, aunque puede prolongarse mediante lacas de acabado superficial.

En las últimas décadas se ha generalizado también el uso de láminas de etileno-tetrafluoroetileno (ETFE), un copolímero fluorado que, en lugar de tejerse, se extruye en láminas delgadas y transparentes. Por lo general se dispone en cojines neumáticos de varias capas, mantenidos a baja presión de aire. Estos cojines proporcionan aislamiento térmico, una elevada transmisión de luz y un peso muy reducido. Entre sus aplicaciones más conocidas figuran el Proyecto Edén en Cornualles (2001), el Allianz Arena de Múnich (2005), cuyos cojines pueden iluminarse en distintos colores, y el Centro Acuático Nacional de Pekín, construido para los Juegos Olímpicos de 2008.[21]

Cubiertas neumáticas y cúpulas de cables

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Una variante de las cubiertas de membrana son las cubiertas neumáticas o soportadas por aire, en las que la membrana se mantiene en tensión gracias a una ligera sobrepresión del aire interior. Durante las décadas de 1970 y 1980 se cubrieron con este sistema varios estadios de grandes dimensiones, aunque sus elevados costes de mantenimiento y su vulnerabilidad ante cargas extraordinarias de nieve o viento limitaron su posterior desarrollo. Como alternativa surgieron las cúpulas de cables (cable domes), sistemas de cables y montantes comprimidos que soportan una membrana sin necesidad de presurización.[18]

Aplicación en estadios

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Las cubiertas de membrana se han extendido en la arquitectura de estadios por varias razones. Su reducido peso permite construir voladizos y luces muy grandes sobre las gradas sin apoyos intermedios que obstaculicen la visibilidad. Su translucidez deja pasar la luz natural, factor importante para el crecimiento del césped natural del terreno de juego. Además, su forma contribuye a la imagen arquitectónica del recinto.[22] En la mayoría de los estadios la cubierta protege únicamente las gradas, mientras que el terreno de juego permanece descubierto. En otros casos se recurre a cubiertas retráctiles, en las que una membrana plegable o paneles móviles permiten cerrar el recinto según las condiciones meteorológicas o el tipo de evento.[22]

Entre las configuraciones estructurales más empleadas se encuentran tres sistemas:[22][18]

  • Las ménsulas o celosías metálicas en voladizo, sobre las que se tensa la membrana.
  • Las estructuras de tipo «rueda de bicicleta», formadas por un anillo exterior de compresión y uno o varios anillos interiores de tracción unidos por cables radiales.
  • Las membranas suspendidas de mástiles y cables.

Un ejemplo temprano de cubierta textil de gran escala en un recinto deportivo es el Estadio Internacional Rey Fahd de Riad (1987), cuya cubierta de membrana se apoya en una serie de mástiles perimetrales. Su ingeniería se basó en la experiencia adquirida en la terminal del Hajj del aeropuerto de Yeda (1981), una de las mayores cubiertas textiles construidas.[18]

Entre las limitaciones de las cubiertas de membrana se cuentan su reducido aislamiento térmico y acústico en comparación con las cubiertas convencionales y su sensibilidad a la acumulación de agua o nieve cuando la geometría no es adecuada. También requieren una inspección periódica del pretensado y de los elementos de anclaje.[19][22]

Véase también

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Referencias

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  1. 1 2 Real Academia Española (2024). «Cubierta». Diccionario de la lengua española, 23.ª ed. RAE. Consultado el 20 de febrero de 2026. «7. f. Parte exterior de la techumbre de un edificio.»
  2. 1 2 3 4 5 Ching, Francis D. K. (2016). Diccionario visual de arquitectura. Barcelona: Gustavo Gil, S.L. pp. 71-78. ISBN 978-84-252-2787-5. Consultado el 23 de febrero de 2026.
  3. 1 2 Código Técnico de la Edificación (CTE) (2008). «Catálogo de Elementos Constructivos (Cubiertas)». Ministerio de la Vivienda. Consultado el 21 de febrero de 2026.
  4. 1 2 Ayuntamiento de Madrid. «Aislamiento térmico». Oficina verde. Consultado el 21 de febrero de 2026.
  5. 1 2 Farhan, Syed Ahmad; Ismail, Fouad Ismail; Kiwan, Osamah; Shafiq, Nasir; Zain-Ahmed, Azni; Husna, Nadzhratul; Hamid, Afif Izwan Abd (2021). «Effect of Roof Tile Colour on Heat Conduction Transfer, Roof-Top Surface Temperature and Cooling Load in Modern Residential Buildings under the Tropical Climate of Malaysia». Sustainability 13 (9): 4665. doi:10.3390/su13094665.
  6. ↑ VV. AA. (2012). «Guía sobre Materiales Aislantes y Eficiencia Energética» (PDF). Comunidad de Madrid. Consejería de Economía y Hacienda. Consultado el 21 de febrero de 2026.
  7. ↑ Ministerio de Vivienda (28 de marzo de 2006). «Real Decreto 314/2006, de 17 de marzo, por el que se aprueba el Código Técnico de la Edificación» (PDF). Código Técnico de la Edificación. BOE, núm. 74. Consultado el 21 de febrero de 2026. «Los edificios dispondrán de una envolvente térmica de características tales que limite las necesidades de energía primaria para alcanzar el bienestar térmico en función de la zona climática de su ubicación...»
  8. ↑ Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana (9 de diciembre de 2025). «Proyecto de Real Decreto por el que se modifica el Código Técnico de la Edificación, aprobado por Real Decreto 314/2006, de 17 de marzo». Gobierno de España. Consultado el 21 de febrero de 2026.
  9. 1 2 3 Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana (12 de febrero de 2025). Código Técnico. Documento Básico (BS): Salubridad (PDF). Madrid: Gobierno de España. pp. 29-41. Consultado el 21 de febrero de 2026.
  10. ↑ Por ejemplo, en una de las ciudades más antiguas que se conoce, Çatal Höyük, las cubiertas eran aterrazadas y la circulación se hacía por ellas.
  11. ↑ «Roofing Materials to Protect You From the Elements». HuffPost (en inglés estadounidense). 12 de enero de 2016. Consultado el 7 de noviembre de 2018.
  12. ↑ C. M. Harris, Dictionary of Architecture & Construction
  13. 1 2 Lawrence, A. W. (1996). Greek Architecture. Yale University Press Pelican History of Art (en inglés). Revisado por R. A. Tomlinson (5.ª edición). New Haven; Londres: Yale University Press. ISBN 0-300-06492-6.
  14. 1 2 Adam, Jean-Pierre (1999). Roman Building: Materials and Techniques (en inglés). Prólogo de Michael Fulford. Londres: Routledge. ISBN 0-415-20866-1.
  15. ↑ Jenkins, Joseph C. (2016). The Slate Roof Bible: Everything You Need to Know About the World's Finest Roof (en inglés) (3.ª edición). Grove City: Joseph Jenkins, Inc. ISBN 978-0-9644258-2-8.
  16. ↑ Oliver, Paul (2003). Dwellings: The Vernacular House World Wide (en inglés). Londres; Nueva York: Phaidon. ISBN 0-7148-4202-8.
  17. ↑ Ochsendorf, John (2010). Guastavino Vaulting: The Art of Structural Tile (en inglés). Fotografías de Michael Freeman. Nueva York: Princeton Architectural Press. ISBN 978-1-56898-741-5.
  18. 1 2 3 4 5 6 7 Berger, Horst (1996). Light Structures, Structures of Light: The Art and Engineering of Tensile Architecture (en inglés). Basilea; Boston: Birkhäuser. ISBN 3-7643-5352-X.
  19. 1 2 3 4 Forster, Brian; Mollaert, Marijke, ed. (2004). European Design Guide for Tensile Surface Structures (en inglés). Bruselas: TensiNet. ISBN 90-8086-871-X.
  20. ↑ Nerdinger, Winfried, ed. (2005). Frei Otto, Complete Works: Lightweight Construction, Natural Design (en inglés). Basilea; Boston: Birkhäuser. ISBN 3-7643-7231-1.
  21. ↑ LeCuyer, Annette (2008). ETFE: Technology and Design (en inglés). Con contribuciones de Ian Liddell, Stefan Lehnert y Ben Morris. Basilea: Birkhäuser. ISBN 978-3-7643-8563-7.
  22. 1 2 3 4 John, Geraint; Sheard, Rod; Vickery, Ben (2013). Stadia: The Populous Design and Development Guide (en inglés) (5.ª edición). Abingdon; Nueva York: Routledge. ISBN 978-0-415-52270-0.

Enlaces externos

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