Entre Lo uno y lo otro,
entre lo claro y lo oscuro,
una secuencia de puntos suspensivos;
entre lo dulce y lo amargo,
un abanico de sabores satisfactorios;
así también con los aromas,
con el tacto, con la discreción
y con su repelente contrario.
Entre el listillo y el tontorrón,
una masa anónima
que se mueve por el centro de la calzada
sin llegar a la exquisitez,
pero tampoco a la estridencia.
Entre el enquijotado y el risitas,
un sentido del humor dúctil,
capaz de interaccionarse con todos
y entender y aceptar que la sociedad
somos varillas abiertas y o cerradas
de un mismo abanico.