14 dic 2019

Una inversi贸n de futuro, (quiz谩 la 煤nica)

Recientemente la presidenta de la Comisi贸n Europea ha presentado un Pacto Verde Europeo. Es una buena noticia que este problema est茅 en el centro del debate aunque sea tarde. Pero la Uni贸n Europea representa menos del 10% de las emisiones de CO2 del planeta. Por tanto el problema seguir谩 sobre nuestras cabezas a pesar de este posible esfuerzo regional, de todas formas insufficiente

El ejemplo europeo actual, si se consiguiera dar, va a ser poco m谩s que un lavado de conciencia por parte de quien puede permit铆rselo, lejos de una soluci贸n real a los problemas ecol贸gicos globales cuando se va extendiendo la soluci贸n occidental previa para salir de la pobreza, una industrializaci贸n tan desigual como insostenible.

M谩s que un Green New Deal, lo que hace falta por parte de las naciones enriquecidas es un Plan Marshall Verde (por seguir con referencias conocidas): crear un fondo internacional para que el resto de pa铆ses lleven a cabo su desarrollo econ贸mico mediante m茅todos menos contaminantes, generalmente m谩s caros, y tambi茅n para que los lugares empobrecidos puedan prevenir los efectos de la sobre-explotaci贸n del planeta que sufrir谩n sin haber sido los principales causantes del problema. 

Informe de Oxfam Interm贸n

E
n realidad el Plan Marshall tuvo como objetivo de fondo prevenir la expansi贸n del comunismo y allanar el camino de una globalizaci贸n presidida por los intereses del capital estadounidense. No fue un gasto sin contrapartida sino una inversi贸n con r茅dito pol铆tico y econ贸mico. Y es precisamente su eficacia para orientar la pol铆tica econ贸mica internacional en un sentido concreto lo que podr铆a sernos 煤til hoy d铆a. Ese m茅todo de prevenci贸n puede aplicarse del mismo modo aunque var铆e el prop贸sito. Ahora la amenaza -para todos los pa铆ses- no es otra que el rebote ambiental de un crecimiento econ贸mico irrestricto. Y una inversi贸n decidida podr铆a reorientar la iniciativa econ贸mica de quienes nos siguen los pasos, aportando cierta justicia compensatoria a la vez que un futuro conveniente para todos. 


De momento s贸lo tenemos un Fondo Verde para el Clima, muy deficiente, como se explica en el informe de Oxfam Internacional, y muy alejado de lo que ser铆a necesario. Pero tambi茅n es un fondo muy alejado de lo que ser铆a posible cuando el capital flotante en busca de inversiones rentables se acumula sin fin y sin finalidad formando una nube especulativa que no encuentra oportunidades suficientes para hacerse 煤til en un mercado global sin plan alguno, hasta el punto de que incluso se llega a invertir en deuda p煤blica con inter茅s negativo pero considerada segura. 

De hecho el plan econ贸mico que necesitamos no es un mero plan de recuperaci贸n o de adaptaci贸n para los m谩s empobrecidos y potencialmente damnificados sino que, para ser efectivo, tendr铆a que abarcar sobre todo a los pa铆ses que ya est谩n desarroll谩ndose con fuerza sin llegar a las primeras posiciones del ranking econ贸mico, y que no van a ceder en este empe帽o s贸lo porque otros no quieran que se queme su carb贸n -otros que antes quemamos el nuestro y el que compramos-. Para que su desarrollo transite por otras v铆as necesitar谩n la ayuda de los pa铆ses enriquecidos, participando en una pol铆tica econ贸mica com煤n:
fiscalidad verde, aranceles compartidos frente a los que no quieran entrar en la cooperaci贸n, instituciones pol铆ticas transnacionales para gestionar estos compromisos (al igual que la OMC marca pautas vinculantes para el comercio, o al igual que el FMI consigue modificar una y otra vez -en ese caso perversamente- las pol铆ticas de los pa铆ses que reciben su ayuda financiera), etc., etc.. 
Todas las regiones del planeta saldr铆an beneficiadas con esta reorientaci贸n. 

Por su parte, las primeras potencias econ贸micas har铆an mejor en apostar por un Green New Way, un nuevo camino menos insostenible (m谩s que por el Green New Deal, o crecimiento verde), es decir, otra forma de avanzar hacia el futuro con la que se reduzca el consumo de materiales y la obsesi贸n productiva en favor de actividades motivadas por la voluntariedad y una vida m谩s aut贸noma. Y sin perder de vista, adem谩s, que este cambio ha de ser inclusivo y redistributivo tambi茅n aqu铆, donde la desigualdad y la precariedad no permiten hablar de un solo occidente. Como en el caso del Plan Marshall, m谩s que la cuant铆a del dinero que se ponga sobre la mesa para realizar pactos verdes de transici贸n interna, importa su orientaci贸n, c贸mo se canalice, cu谩l sea el nuevo camino que determine esa inversi贸n. Y eludir la exclusi贸n social sin necesidad de aumentar el volumen de nuestra producci贸n ser铆a la inversi贸n m谩s efectiva de cara a reducir nuestras emisiones.


“La acumulaci贸n de propiedad es siempre un proceso social que incluye a muchos actores sociales y grupos diferentes. Por eso necesitamos tener una discusi贸n democr谩tica, un debate social, sobre los niveles justos de concentraci贸n de bienestar y propiedad. ”

“La alta progresividad de los impuestos en el siglo XX, que lleg贸 a alcanzar niveles del 70%, del 80%, del 90%, fue en realidad un gran 茅xito, funcion贸 muy muy bien. Creo que tenemos que revisar la experiencia hist贸rica para tomar decisiones de cara al futuro.”


Una pol铆tica fiscal como la que sugiere Piketty podr铆a llevarse a cabo si se diera una concertaci贸n internacional que eludiera la competencia recaudatoria a la baja entre naciones con la que se pretende atraer capitales. Pero ahora el objetivo de estos nuevos fondos no deber铆a ser reforzar el crecimiento sino obtener los recursos necesarios para reorientar nuestro sistema productivo hacia uno menos insostenible sin dejar de favorecer la inclusi贸n econ贸mica y una menor desigualdad.

Al margen del sistema pol铆tico que adopte cada pa铆s o de lo que cada uno consideremos ideal, el acuerdo para esta pol铆tica econ贸mica com煤n habr铆a de anteponerse como una emergencia equiparable a la llegada de un meteorito (de lenta difusi贸n) o a la prevenci贸n de una nueva forma de destrucci贸n mutua asegurada. Ninguna mejora social de cualquier clase tendr谩 mucho futuro si no acordamos en com煤n c贸mo salvar este escollo ambiental. Creo que en general no se asume la realidad, y existe una inadecuaci贸n entre la dimensi贸n del problema y el alcance de las soluciones propuestas hasta ahora.

Cuidar en com煤n la atm贸sfera compartida y afrontar la crisis ecol贸gica -no s贸lo clim谩tica- que vamos a sufrir requiere importantes cambios en el sistema productivo. Esto hace que la cooperaci贸n internacional necesaria vaya m谩s all谩 del acuerdo marginal para un problema concreto. Requiere la implicaci贸n de la pol铆tica econ贸mica, lo m谩s decisivo de cada naci贸n, el coraz贸n de su pol铆tica. Es decir, requiere coordinar nada menos que una pol铆tica econ贸mica transnacional.

Pero el mundo sigue inmerso en la rivalidad en pos de la capacidad econ贸mica, con los estados pugnando por acrecentarla, maniobrando para ello m谩s al谩 de sus fronteras y utilizando la propia pol铆tica econ贸mica como un arma de su geoestrategia, mientras las multinacionales elijen bajo qu茅 leyes operar como en un mercadillo de naciones. Y lejos de tender hacia el federalismo, el confederalismo o alguna forma de cooperaci贸n para asuntos de importancia global, los estados-naci贸n est谩n reforzando su faceta nacionalista.

No importar铆a mucho el n煤mero de estados en los que nos dividamos si los mismos fueran capaces de afrontar en com煤n problemas comunes como los de la atm贸sfera, los oc茅anos, la extinci贸n masiva de especies o tambi茅n los derechos humanos entre otros. Pero sumidos en el automatismo de una l贸gica dise帽ada para la competencia que no se pone en cuesti贸n, jam谩s lograremos mitigar el problema o siquiera una adaptaci贸n razonable.

En fin, que el pesimismo no ciegue la comprensi贸n de lo posible. Se帽alemos el camino. Seamos posibilistas. Si bien en el mundo predomina una rapi帽a global entre bandas organizadas que imponen sus leyes donde pueden (incluso cuando la banda toma sus decisiones en parlamentos democr谩ticos pero fieros allende su jurisdicci贸n, como hac铆an muchas bandas de piratas), las multitudes tambi茅n son una fuerza que los poderes interesados en que nada cambie vigilan y temen, y con la que tienen que negociar, incluso en reg铆menes autoritarios, porque saben que las masas pueden perturbar sus planes si se inquietan demasiado. 

Lo importante es que esa inquietud responda a motivos de conciencia y de realismo, de sostenibilidad y de humanismo frente a la indiferencia por lo humano de la mera rentabilidad. 

El camino pasa por que la multitud una sus fuerzas m谩s all谩 de su tierra particular, por la atm贸sfera com煤n, para abolir la trajedia del mercadeo con ella.



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31 dic 2017

Revitalizar lo b谩sico


Como hiciera en a帽os anteriores [1] [2] [3], recopilo en esta entrada los enlaces a los textos que he escrito para el blog de la asociaci贸n Autonom铆a y Bienvivir a lo largo del a帽o que termina:



Tanto la globalizaci贸n como el nacionalismo se centran en la rivalidad; son dos formas de competir y beben de ese mismo principio. Ambas han seguido actuando hasta el presente, como muestran las guerras geoestrat茅gicas y por los recursos. El 茅nfasis en la competencia lleva a elegir el camino m谩s f谩cil para pasar la prueba a corto plazo, una prueba posicional en un sistema de valoraci贸n disfuncional, relegando el equilibrio social, la convivencia internacional y la sostenibilidad.

Lo que ahora deber铆a estar preocup谩ndonos hasta la obsesi贸n es c贸mo proporcionar autonom铆a a esa gran parte de la humanidad que, si no la obtiene, va a quedar a煤n m谩s excluida y empobrecida en las pr贸ximas d茅cadas por el aumento de la desigualdad, limitada por problemas de sostenibilidad, convertida en refugiados clim谩ticos o movilizada como fruto de las guerras por los recursos.



Al hablar de la relaci贸n entre el campo y la ciudad lo primero que nos viene a la cabeza es una dicotom铆a, una encrucijada ante la que debemos elegir o que se plantea como una oposici贸n. De igual modo es un t贸pico hist贸rico hablar del conflicto campo-ciudad, como es habitual el lamento por la despoblaci贸n rural.

Este desencuentro en realidad es un conflicto con nosotros mismos ya que todos evolucionamos como parte del mundo natural, y casi todos guardamos a煤n en la memoria los 煤ltimos v铆nculos familiares con una forma de vida integrada en el campo. Para muchos ciudadanos la alimentaci贸n es ya el 煤nico contacto con la naturaleza y con el mundo rural, por lo que ser铆a l贸gico preguntarse cu谩l es la calidad de ese contacto.

Ya hace d茅cadas que empez贸 a fraguarse un modelo de consumo agroecol贸gico a trav茅s de cooperativas de consumo que ponen en relaci贸n a productores y consumidores, y que en muchos casos implica a todos ellos en la producci贸n. Esta forma de vinculaci贸n, a煤n muy minoritaria por ahora, podr铆a ser el germen de una nueva relaci贸n campo-ciudad que ir铆a m谩s all谩 de un encuentro comercial para, idealismos al margen, de un modo pragm谩tico, establecer una nueva complicidad entre ambos mundos que, eso s铆, tendr铆a implicaciones pol铆ticas transformadoras si se generalizase (como nos explicaba Esther Vivas en este art铆culo). Al menos en los casos en los que se lleva a cabo de un modo participativo, que trasciende la mera relaci贸n comercial entre productor y cliente, este modelo puede proporcionar una vivencia compartida, una convivencia sanadora, y en cualquier caso abre una v铆a para la revitalizaci贸n de las zonas rurales.



La Renta B谩sica no determina el tipo de sociedad en el que vamos a vivir salvo en un aspecto esencial como es garantizar la inclusi贸n social y una libertad limitada pero real y compartida por todos. Otras variables sociales depender谩n de qu茅 pol铆ticas acompa帽en la introducci贸n de esta mejora. Sin embargo por s铆 misma tambi茅n abrir铆a la puerta a la posibilidad de reducir nuestra insostenibilidad. De hecho esta reducci贸n ser谩 imposible sin alguna forma de garantizar la inclusi贸n al margen del crecimiento econ贸mico.

Si ponemos el valor de producir por delante del derecho a la subsistencia, si nos exigimos demostrar que somos productivos antes de concedernos el derecho a existir precisamente cuando la robotizaci贸n hace que cada hora de trabajo sea cada vez m谩s productiva, dif铆cilmente podremos contener el mundo econ贸mico en una escala que pueda ser soportada por el medio natural tal y como lo necesitamos los seres humanos.

Para dejar de sobrevalorar la acumulaci贸n de bienes materiales y el exceso de producci贸n es necesario disponer de una garant铆a de inclusi贸n, haciendo de esta un prerrequisito de nuestro modelo econ贸mico en lugar de tratarla como un objetivo incierto que, mientras falte, nos obliga a aumentar la insostenible transformaci贸n del mundo en busca de m谩s empleo.



El pasado mes de julio se celebr贸 en Bizkaia la VII conferencia internacional de La V铆a Campesina bajo el lema “Alimentamos nuestros pueblos y construimos movimiento para cambiar el mundo”. Se trata de un movimiento transnacional que re煤ne a unos 200 millones de campesinos, jornaleros sin tierra, peque帽os y medianos agricultores, j贸venes y mujeres rurales, ind铆genas y trabajadores agr铆colas migrantes de todo el mundo. Defiende la agroecolog铆a campesina y la soberan铆a alimentaria como forma de promover la justicia social y la sostenibilidad, y se opone fuertemente a los agronegocios que destruyen las relaciones sociales y la naturaleza. La V铆a Campesina cuenta con 164 organizaciones locales y nacionales en 73 pa铆ses de todos los continentes. Es un movimiento pol铆tico aut贸nomo, plural y multicultural a la vez que se mantiene independiente de cualquier partido pol铆tico y de cualquier tipo de afiliaci贸n econ贸mica o de otro tipo.

El principal aporte te贸rico de La V铆a Campesina ha sido hacer valer la idea de que la seguridad alimentaria no depende exclusivamente de la disponibilidad a corto plazo -enfoque de la agroindustria- sino que es crucial tener en cuenta adem谩s la forma de producir los alimentos. En la actualidad se confunde seguridad con maximizaci贸n (cuando no con rentabilidad), y esta confusi贸n est谩 socavando precisamente los cimientos naturales en los que se puede basar la seguridad, adem谩s de no valorar el coste de una enorme exclusi贸n y de una masiva y cruel explotaci贸n humana y animal.

Por fortuna existen alternativas que no s贸lo mejoran la seguridad alimentaria a corto plazo sino tambi茅n la sostenibilidad de la misma. Pero como suele pasar su desarrollo no coincide con los intereses de quienes se enriquecen con el modelo anterior, el vigente, por lo que ser谩 necesario el empuje de la sociedad civil en sus h谩bitos y en sus apuestas pol铆ticas.



La reivindicaci贸n nacionalista es la demanda de un cambio que por s铆 mismo no cambia nada dentro del colectivo que se independiza. Este puede seguir tan alienado, insostenible y desigual como antes; puede dejar marginadas a otras minor铆as o territorios m谩s peque帽os, y puede ser perfectamente connivente con la explotaci贸n entre naciones.

El empuje de la sociedad civil nacionalista en pa铆ses hiper-desarrollados, que ha decidido ser connivente con sus 茅lites locales en esta aspiraci贸n, contrasta con la falta de empuje emancipador. Resulta parad贸jico que no se reivindique una mayor independencia respecto al sistema productivo que nos oprime a diario como principal aspiraci贸n una vez que se tiene suficiencia econ贸mica mientras se magnifica el problema de la dependencia territorial.

Por otro lado, la universalizaci贸n de una l贸gica crecentista y competitiva, tanto entre empresas multinacionales como entre estados, est谩 generando tambi茅n problemas uniformes que s贸lo tendr谩n soluci贸n desde acuerdos pol铆ticos transnacionales para apostar por una relocalizaci贸n econ贸mica cooperativa.

El nuevo paradigma a extender por el mundo tendr铆a que incluir un cuestionamiento de la escala tanto en el 谩mbito corporativo como en la concentraci贸n del poder pol铆tico o en la posibilidad de acumular patrimonio (que tambi茅n implica poder pol铆tico). Pero decidir con autonom铆a desde abajo y en 谩mbitos locales, (a escala humana), no tiene por qu茅 llevar a la desconexi贸n, a la irresponsabilidad sobre problemas comunes o a la ausencia de compromisos transnacionales vinculantes. La cuesti贸n es cu谩l es la legitimidad de esos compromisos (que ahora nos imponen desde las 茅lites corporativas), y no tanto el grado de independencia entre territorios.

31 dic 2016

Autonom铆a cooperativa

Como hiciera en a帽os anteriores [1] [2], recopilo en esta entrada los enlaces a los textos que he escrito para el blog de la asociaci贸n Autonom铆a y Bienvivir a lo largo del a帽o que termina:



Resumen del libro de Ricardo Almenar El fin de la expansi贸n. Del mundo-oc茅ano sin l铆mites al mundo-isla, una buena recopilaci贸n y s铆ntesis de argumentos y autores esenciales sobre el cambio civilizatorio que estamos viviendo y que se intensificar谩 en las pr贸ximas d茅cadas. Pero su enfoque no se limita a exponer los problemas sino que propone indagar en las soluciones, en este caso centr谩ndose en el primer paso: el cambio de visi贸n del mundo necesario para poder empezar a concebir con alg煤n acierto esas soluciones; un cambio de escenario que la sociedad no acaba de asimilar. Su importancia reside en que de esa percepci贸n depende el futuro de todos.



A partir de la reflexi贸n anterior en este art铆culo me recreo en un paseo por la controversia sobre el colapso, la problem谩tica de la ciencia, la discusi贸n sobre el crecimiento, el l铆o de la acci贸n local y global, y alg煤n otro dilema del rock and roll.



Texto colectivo de la asociaci贸n en el que abordamos las dificultades a las que debe hacer frente la izquierda ante el escenario pol铆tico y ecol贸gico en el que nos encontramos, (empezando por asimilar la verdadera naturaleza del mismo).



Ante los cambios necesarios para nuestra sociedad rese帽ados en las entradas anteriores no s贸lo tenemos resistencias ideol贸gicas (como se ha visto para el caso de la izquierda) sino adem谩s la oposici贸n de una corrupta estructura de poder que no aparece en los libros de teor铆a econ贸mica a pesar de ser m谩s determinante para el devenir econ贸mico que las variables estudiadas con pretensi贸n cient铆fica. Esta estructura condiciona las relaciones econ贸micas a lo largo de la cadena de producci贸n y en todos los niveles de riqueza de la sociedad, con claros ganadores y perdedores de este juego ama帽ado al margen del m茅rito.


De la globalizaci贸n a la autonom铆a

Serie de entradas en las que profundizo en el problema de la globalizaci贸n y en la posible forma de salir de esta para encaminarnos hacia un horizonte en consonancia con los problemas y los retos planteados anteriormente.

Es habitual que se hable de los para铆sos fiscales como un problema para la econom铆a actual. Pero en realidad esa forma de funcionar est谩 en la misma esencia de la globalizaci贸n. No se trata de un problema de la econom铆a globalizada sino que la globalizaci贸n consiste en eso. Se trata de que las empresas y las grandes fortunas puedan eludir las normativas (fiscales, laborales y ambientales) aprobadas en los distintos parlamentos.

Toda decisi贸n econ贸mica es tambi茅n una decisi贸n pol铆tica por su afecci贸n para terceros, para la sociedad y para el medio ambiente. Lo que ha ocurrido en las 煤ltimas d茅cadas ha supuesto la privatizaci贸n de decisiones pol铆ticas de enorme calado por medio de un camuflaje tecnocr谩tico de las mismas.

En esta entrada empiezo a reflexionar sobre la posible salida de este problema: necesitamos actuar en dos direcciones relocalizando la gesti贸n econ贸mica con el enfoque prioritario de la m谩xima autonom铆a posible, y del otro lado, ampliando progresivamente el 谩mbito de una cooperaci贸n verdaderamente democr谩tica.

En este apartado profundizo en algunas caracter铆sticas propias del concepto de autonom铆a que lo diferencian del de soberan铆a, tan querido este 煤ltimo por los diferentes nacionalismos de todo cu帽o.

Quienes nos oponemos tanto a la actual globalizaci贸n como a las tendencias fascistas necesitamos m谩s audacia intelectual que la mostrada por la izquierda actual para hacer frente a la nueva realidad mediante propuestas a煤n no llevadas a la pr谩ctica. (Pues tampoco nos sirve el viejo dirigismo planificador igualmente autoritario e insostenible).

Aqu铆 indago algunas medidas econ贸micas que favorecer铆an el paso de la globalizaci贸n a un mundo en el que prevaleciera la autonom铆a.

La autonom铆a pol铆tica implica que los distintos pueblos no puedan verse sometidos a chantaje por parte de los mercaderes globales. Consiste en que la democracia se superponga a los derechos de propiedad privada absoluta y a las leyes del mercado. Pero esto indica que la autonom铆a no se centra en precisar un 谩mbito geogr谩fico 贸ptimo para la auto-instituci贸n pol铆tica o para la autosuficiencia econ贸mica. Es un concepto esencialmente cualitativo; se expresa en la capacidad de las personas y de las sociedades para gestionar su devenir com煤n. No equivale a la desvinculaci贸n sino la posibilidad de controlar los v铆nculos propios. M谩s aun, se puede decir que, al menos en parte, la autonom铆a se expresa y cobra cuerpo precisamente en las relaciones, al aflorar la iniciativa en la gesti贸n de las mismas.

Por tanto la autonom铆a pol铆tica consistir铆a tambi茅n en democratizar las instituciones pol铆ticas supranacionales, (no las instituciones econ贸micas creadas para aumentar el libre comercio global), as铆 como en crear otras nuevas con fines distintos y sujetas a un verdadero control ciudadano. Las relaciones internacionales deben basarse en acuerdos pol铆ticos consensuados por las poblaciones y no en acuerdos econ贸micos por encima de la democracia pactados entre las oligarqu铆as de cada pa铆s.



En este texto me centro en la dimensi贸n individual ante el nuevo escenario planteado. Hoy d铆a hemos convertido la acci贸n por s铆 misma en una forma de retiro de la conciencia. Anulada as铆 la capacidad 茅tica para evaluar lo que nos rodea y para decidir nuestro apoyo o nuestro rechazo a las normas sociales, no es posible decir que estamos viviendo plenamente, que estamos ejercitando nuestras potencialidades como seres humanos, que eso que sentimos es plenitud vital.


Renta B谩sica y decrecimiento

Serie de entradas en las que me hago eco del congreso celebrado este a帽o en Hamburgo sobre los v铆nculos posibles entre Renta B谩sica y decrecimiento, a帽adiendo alguna reflexi贸n y conclusiones propias.

Si queremos poner coto a los desmanes provocados por una desmesura comercial tan innecesaria como antiecon贸mica, devastadora con la biosfera y alienante, ser谩 requisito imprescindible que nos garanticemos colectivamente una inclusi贸n b谩sica universal, reduciendo a la par la enorme desigualdad de nuestros d铆as. Sin esa garant铆a p煤blica ser谩 imposible pasar a una econom铆a libre de la necesidad imperiosa de crecer.

¿Qu茅 es el progreso? ¿Qu茅 significa este t茅rmino? Fascinados por el espect谩culo de cambios materiales en el fondo simples, distra铆dos por c谩lculos para la acci贸n y por sus efectos pr谩cticos, hemos abandonado el progreso 茅tico y pol铆tico. Precisamente en nombre de la ciencia que nos advierte de los l铆mites del crecimiento, tendremos que cambiar esta creencia b谩sica de nuestra sociedad. En consecuencia habr谩 que prestar m谩s atenci贸n a los modelos econ贸micos alternativos que apuntan hacia esta l贸gica de lo cualitativo y lo complejo, que ponen por encima lo no medible, lo que s贸lo puede avanzar en la deliberaci贸n compartida democr谩ticamente.

Cuando hablamos de decrecimiento no estamos ante una simple opci贸n. Algunas personas somos partidarias de que se reduzca el volumen actual de producci贸n global para que disminuya su impacto sobre el medio ambiente y sobre nuestra propia naturaleza. Esto nos permitir铆a aspirar a una Econom铆a del Estado Estacionario. Pero en realidad el decrecimiento ser谩, m谩s que una opci贸n, algo inevitable en un plazo incierto aunque no muy alejado. Por tanto cualquier medida de futuro tendr谩 que pensarse en ese escenario, o m谩s bien tenemos que pensar qu茅 propuestas podr谩n hacerle frente y prever su encuentro en la medida de lo posible.

El futuro de todos ser谩 muy diferente en funci贸n de si mantenemos o no la convivencia y una inclusi贸n social y cultural que permita el desarrollo sano de todas las inteligencias.



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31 dic 2015

La utop铆a y sus caminos

Como hice el a帽o pasado, recopilo en esta entrada los enlaces a los textos que he escrito para el blog de la asociaci贸n Autonom铆a y Bienvivir a lo largo del a帽o que termina:



Hoy d铆a la b煤squeda del beneficio a corto plazo prevalece sobre cualquier criterio 茅tico o de sostenibilidad en nuestro modelo econ贸mico. Si bien la pol铆tica es el medio adecuado para cambiar este estado de cosas (que, de no cambiar, nos avoca al desastre) tambi茅n nuestros h谩bitos de consumo e inversi贸n tienen una gran importancia a la hora de orientar la econom铆a.

En este 谩mbito las opciones est谩n limitadas por el control de los mercados que suelen ejercer los principales oferentes, y por la insuficiente informaci贸n acerca de todo lo que implica cada producto consumido o cada forma de invertir los ahorros. Sin embargo empiezan a emerger empresas que desde su constituci贸n y en sus propios estatutos incluyen criterios 茅ticos o pol铆ticos por encima de la rentabilidad. Es el caso de las empresas sin 谩nimo de lucro. En ellas el 100% de los beneficios deben ser reinvertidos en el propio negocio o en la comunidad; no pueden pagar dividendos con los excedentes. La importancia de este cambio de modelo es que apunta al coraz贸n de los problemas: esa 茅tica del lucro que pone a este como prioridad absoluta. La econom铆a sin 谩nimo de lucro, por el contrario, incentiva facetas mejores de la naturaleza humana.



¿Tendr铆a sentido hablar de trabajo en una sociedad ut贸pica? ¿Cu谩l ser铆a su papel en ella? ¿Acaso el cese del trabajo como actividad exigible implica el cese de toda actividad responsable? ¿Hasta d贸nde es razonable eso de negociar con la realidad para aceptar labores no deseadas, y a partir de qu茅 punto la actividad no voluntaria pasa a ser una limitaci贸n para nuestras posibilidades de realizaci贸n personal? ¿Qu茅 actividades no voluntarias merecer铆a la pena conservar en cualquier caso?



Las personas que no tienen como 煤nico ideario la maximizaci贸n de su lucro, las personas con un m铆nimo de pensamiento propio y de autonom铆a, siempre llegar谩n a conclusiones personales sobre lo que conviene a la sociedad. Es normal que haya diferencias y es sospechoso que no las haya.

Por otra parte, la iniciativa pol铆tica de cada persona es, adem谩s de un derecho, una necesidad y un valor a cuidar y a promover. No s贸lo por la reflexi贸n y la valoraci贸n que puede aportar cada una; no s贸lo por la toma de conciencia de los problemas colectivos que implica esa iniciativa, sino tambi茅n porque la expresi贸n de esa pluralidad es lo que nos hace humanos.

¿Pero c贸mo llevar a la pr谩ctica una confluencia heterog茅nea que pueda desbancar la acci贸n en bloque de la pol铆tica hegem贸nica, seguidista y uniforme? La hip贸tesis que planteo aqu铆 es que la clave no est谩 en compartir un ideario id茅ntico e identitario sino en compartir un sistema: un sistema de participaci贸n, de confluencia y de consenso a partir de unos principios generales. Se trata de que la alternativa se entienda a s铆 misma como un espacio pol铆tico plural que, de ese modo, pueda proponerse y defenderse como un todo ante el poder hegem贸nico, aun con sus flujos y cambios internos.

Divido el texto en cuatro partes:
  • Del 15M al M15
  • Sostener la confluencia
  • El valor de las minor铆as
  • “...las urnas son peligrosas”



Presentaci贸n del trabajo hom贸nimo realizado de forma colectiva por la asociaci贸n y publicado en el blog de Antonio Turiel The Oil Crash.

Al igual que la ciencia avanza aventurando hip贸tesis que se refutan o se validan, es posible utilizar el pensamiento ut贸pico como herramienta para intentar descubrir c贸mo ser铆a una vida en com煤n saludable para todos y adaptada a las limitaciones planetarias. En este caso la verificaci贸n, irreductible a las mediciones y al c谩lculo, deber谩 buscarse en el consenso a partir de una deliberaci贸n p煤blica prolongada en el tiempo. Pero una utop铆a debe ser sobre todo inspiradora. S贸lo podremos dar una respuesta adecuada al porvenir renovando el imaginario que nos permite organizarnos en alg煤n sentido compartido.



Ya hemos tratado en este blog desde un punto de vista te贸rico la propuesta de adoptar una Renta B谩sica, (una cantidad que recibir铆a incondicionalmente cada persona con independencia de si trabaja o no). Lo plante谩bamos como una forma de garantizar una inclusi贸n b谩sica universal que nos aporte autonom铆a para decidir nuestro futuro libremente, haciendo posible, entre otras cosas, relegar la obsesi贸n por el insostenible crecimiento econ贸mico. En esta entrada nos hacemos eco brevemente de algunas referencias actuales y de casos pr谩cticos en torno a esta propuesta. Desde proyectos en curso a experiencias reales, incluyendo implementaciones parciales, desde el 谩mbito local al estatal, y tanto en pa铆ses opulentos como en lugares empobrecidos.

Todas estas experiencias desmienten los prejuicios que suelen rodear a esta propuesta. Adem谩s de su evidente car谩cter emancipatorio, el resultado apunta hacia un mayor equilibrio socioecon贸mico, tan necesario en el momento presente: por un lado favorece un aumento de la actividad econ贸mica entre quienes menos tienen, y por el otro facilita una mayor conformidad entre quienes no tienen problemas econ贸micos, permiti茅ndoles liberar parte de su tiempo en favor de otras actividades voluntarias, lo que a su vez implica liberar empleo en favor de quienes lo necesitan.

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