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lunes, marzo 17, 2008

Que viva la paz!!!



Maravilloso!!! Nuestros vecinos estuvieron pasando por días muy difíciles pero finalmente la guerra no se concretó. No solo Venezuela, Ecuador y Colombia cantaron... todo Sudamérica sintió su alegría. Creo que quienes pudieron estar allí vivieron un momento histórico, de aquellos por los que vale la pena vivir. Noticias así deberían escucharse todos los días. Pueblos hermanos, con una cultura común y un pasado entrelazado se fueron hasta la línea de la frontera para gritar tan alto como pudieron que no queremos la guerra, sino la paz. Más allá de que la Guerrilla Colombiana (a mi parecer más cercana al terrorismo que a fuerza oponente) siga maltratando a sus secuestrados y el presidente Venezolano siga pensando de la misma manera, es claro el mensaje que estos cantantes y las más de cien mil personas presentes en la línea de frontera. El problema no está del todo resuelto y como siempre en una discusión todos tienen su cachito de culpa (uno por invadir terreno, el otro por acoger guerrilleros) pero al menos hubo una disculpa y el compromiso de retomar el diálogo. Y por sobre todo hubo colombianos, venezolanos y ecuatorianos comunes y corrientes que se tomaron de la mano, vistieron su polo blanco y cantaron juntos.
De más está decir que fue muy emocionante ver el concierto por tv. Creo que más de uno debe haber cantado y llorado emocionado. Gracias Juanes, por tan linda iniciativa. Gracias Alejandro por tu "Vale, a lo mejor me lo merezco" y tus "cuantas veces corazones partidos". Gracias Bosé (no solo eres lindo, sino que estas lleno de buenos deseos). Gracias a todos los que estuvieron allí y vibraron cantandos juntos "ojala que llueva cafeeee..."






jueves, enero 24, 2008

Aeronunca




“No me extraña. En Colombia le llamamos Aeronunca”, sentenció mi vecina colombiana cuando, estupefacta, vi en el letrero luminoso un retraso de tres horas. Eran las 2:40, estábamos empezando nuestra cola (que por cierto era tan larga como los cabellos de Rapunzel) y en lugar de viajar a las 5:30 de la tarde – como estaba estipulado – viajaríamos a las 8:30 de la noche.
“Ellos sí se pueden retrasar pero nosotros no”, añadió fastidiado el distribuidor textil de atrás mío, quien no pudo viajar en la mañana porque llegó a las 5:35 y el counter se cerraba a las 5:30 (el avión salía a las 6:15). “Claro a mí me cobran 50 dólares de recargo por llegar tarde…”, continúo nuestro vecino, quien viajaba a una conocida feria en Medellín.

Así fue como pasé menos de 24 horas en Colombia y más de 16 horas entre aviones y aeropuertos para ir a un país que queda “aquisito no más”. Pero no fue, para nada, una espera desagradable, gracias a los vecinos de cola que me tocaron. La colombiana vivía en Suecia y estaba de vacaciones, feliz de poder conversar con extraños sin “invadir el espacio personal de los demás”, el taiwanes casado con peruana y dueño de un casino tenía muchas historias variopintas y el textilero desbordaba buen humor a pesar de las circunstancias, así que no nos faltó tema de conversación en las dos horas que nos demoramos en la cola.

Pasado el chequeo, subimos con la colombiana rumbo al shopping de recuerditos. Y tal, que uno se puede olvidar que está en un aeropuerto entre tanta tienda. Luego, cual paseo de sábado por la tarde, terminamos sentadas tomando un jugo y un Suspiro a la Limeña (no te puedes ir sin probarlo…). Así se fueron dos horas más. La última hora ya nos resignamos a sentarnos en la sala de espera, pero la charla fue imposible detenerla…

Arribamos a Colombia a la medianoche. Y regresé al aeropuerto de Bogotá a las 6:50 de la tarde de ese mismo día, acompañada por un colega, a quien tampoco le faltó historias que contar y blogs que recomendar (toñito y caricaturas existencialistas). No paramos la charla todo el viaje… hasta que llegamos a la cola de migraciones en Lima. Distraídos con la música de los audífonos, pasamos otra hora entera dando un paso cada medio minuto y adivinando en los rostros de las decenas de personas de la cola cual era el motivo del viaje y quien podría ser un “burrier”…

Ah, sí, la ciudad es muy simpática. Toda ella llena de ladrillos, mezcla su estilo naranja en forma armoniosa con el verde los cerros y el despejadisimo cielo serrano. Fue un gusto conocer su estilo tan simétricamente bien cuidado y tan armoniosamente decorado.


p.d. ¿Vieron que son necesarias las zapatillas en un Aeropuerto?