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lunes, mayo 26, 2008

Te queremos mucho pero…



“¡Indiana Jones, ya he visto 14 veces la película, me has acostumbrado con su música…. Ohhhh Indiana!”, parafraseo la canción porque me incluyo dentro de su club de admiradoras. Cuando apenas tenía 6 o 7 años me llevaron a ver una de sus cintas y quedé maravillada. Desde entonces no me he perdido una. Guapo, rescatador de damiselas en peligro y aventurero. Siempre con una sonrisa que hace perder el aliento. ¿Qué más se puede pedir? Bueno, acá la fanaticada te agradece que hayas hecho una película con viaje al Perú incluida, pero por favor hay que jalarle las orejas al comité encargado de la investigación y del guión…

Para empezar, está bien que viajes en avioneta a Perú. Difícil recorrer tantos kilómetros en naves tan pequeñas, pero bueno, ese no es el problema. El problema es que el indicador de ruta en el mapa marca una flecha que va desde EE.UU. pasando por México y Centro América y llega a Cuzco. En la siguiente toma se nota a Indiana que baja en el aeropuerto de Nazca. NO!!! Imposible señores. Uno no puede llegar a Cuzco y aparecer de pronto en Nazca. Nazca está al lado de Lima, en Ica. El avión debió llegar a Lima y de ahí tomar un carro que los lleve a Nazca. O bajar en Lima y tomar otro avión que los lleve a Nazca (y sobrevuelen tranquilos las líneas de Nazca). Pero no puedes llegar al Cuzco y aparecer en Nazca de pronto. Es como poner un mapa que llega a Miami y aparece bajando en el aeropuerto de Washington.

Luego, cuando camina por la supuesta Nazca en 1978 (¿o era 75?) se cruza con cuzqueños, gente vestida con sus ponchos y polleras. NO!!! NO!!! NO!!! Ica es una ciudad de costa, con sol y calor, llena de agricultores y pescadores y en sus mercados ves gente vestida normalmente (jean, sastre, etc.) o ves gente vestida como chalanes (ver traje de marinera norteña, pantalón de tela, camisa amarrada a la cintura y sombrero, parecido al charro mexicano) pero es muy difícil que te encuentres a un serrano vestido al estilo cuzqueño.

Finalmente están las semejanzas y parecidos con el pueblo mexicano. Sí, somos parecidos, pero nada más. Acá los nativos no hablaban la lengua de los mayas, no tuvimos a ningún mexicano entre nuestros conquistadores (deberían haber hablado de Pizarro!!!) y es difícil creer que en la selva peruana conocieran a los mexicanos. Claro que existen teorías sobre la posibilidad de que fueran los extraterrestres los responsables de los grandes misterios (aunque prefiero creer que fue habilidad e inteligencia de los nativos) peruanos, pero creo que los extraterrestres hablarían en algún dialecto selvático o serrano y no en dialecto Maya.

Es perdonable la asociación maya/inca, porque siempre existe algún estudioso que busca y cree encontrar varias semejanzas entre las tribus ancestrales de los mexicanos y los peruanos. Pero no es perdonable, mi querido Indiana, poner tanto serranos en la costa o poner un mapa que llega a Cuzco y luego bajen en el aeropuerto de Nazca. NO!!!


P.D. Fuera de eso, una película muy linda. Muy pero muy linda.

jueves, marzo 01, 2007

En torno a los infiltrados

Lunes 26, 8:30 a.m.

Ibamos el taxista y yo contentos hablando de “Los Infiltrados”, como es lógico en un día como hoy, y como ocurre en todo el planeta tierra, en donde no se habla de otra cosa que no esté relacionada con el Oscar. De pronto, la sonrisa se desdibujó de golpe. Ahí estaban en la radio comentando el reciente nombramiento de Alva Castro como ministro del interior. Nada menos que quien fue ministro de economía en la época nefasta previa al intento de estatizar la banca en el año 1988, cuando la inflación reinaba en nuestro país y Alan García cumplía su primer gobierno.

Hombre con varias dudas planteadas en más de una oportunidad por sus opositores, Alva Castro personifica lo que menos le gusta a la gente del entorno aprista de Alan García. Es - digámoslo elegantemente - el menos favorito de todos los compañeros.

Justo ahora, cuando el Perú está siendo comparado con países exitosos de la región por su camino hacia arriba en la economía y contamos con la mirada dulce del Banco Mundial sobre nosotros, viene un nombramiento en el gabinete con sabor a malos recuerdos. Cierto es que está lejano al sillón de comercio exterior y al sillón económico, pero ponerlo a cargo de la seguridad del país sin la experiencia previa es preocupante.

El taxista coincidía conmigo en que mejor hubieran buscado algún técnico especialista en manejo del comando policial, o a otro aprista no tan conocido. Mejor aún, hubieran optado por algún miembro de otro partido, como lo era la ministra saliente. Pero no.

Y hablando de errores, el taxista y yo preferimos regresar al Oscar y discutir sobre porqué Babel obtuvo sólo un Oscar o porqué Penélope se quedó sentada. En lo que sí coincidimos es en que la traducción de TNT fue aceptable (aunque siempre extrañaremos la emoción de Ludmir), la conducción de la anfitriona suficientemente cómica (aunque si me preguntan a mí, Seinfeld fue mucho más gracioso) y sí, de lejos la mejor película animada fue la de los pingüinos. Y no, no queremos infiltrados partidarios…