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domingo, enero 31, 2010

bueno, también Máncora


Piura tiene lindas playas. Sí, yo siempre hablo de Colán, pero no es la única. También está Máncora.

Sus aguas son casi tan calientes como las de Cólan, pero un tanto más encrispadas, a gusto de tablistas y demás especies aventureras. Sus paisajes y atardeceres son también muy lindos, aunque valga aclarar que es, a mi modo de ver, un lugar más que todo turístico. Los hoteles son de primera, con ambientes cómodos y rica comida, variedad de servicios playeros para los visitantes, pero un tanto más estándares que la añorada Colán, que es ante todo una playa privada, familiar, hogareña.

Creo que Máncora no tiene nada que envidiar a cualquier destino turístico de las costas centroamericanas porque ofrece un buen producto, de calidad. Es acogedora, agradable, entretenida... pero, eso sí, lo admito, yo siempre preferiré una tarde calmada de mi Colán.

lunes, febrero 02, 2009

verdades...














- NO importa que sea verdad, sino que los argumentos sean creíbles para la gente
- ¿Cómo?
- A esa gente no les interesa que sea verdad que los cultivos se vayan a malograr o que en verdad se queden sin agua. A ellos lo que les interesa es que los campesinos sienta que los van a perjudicar…
- Eso quiere decir que no los van a dejar sin agua para regar los cultivos???
- Exacto.
- Que barbaridad. Es el colmo.
- Lo que les interesa a esas ONG es ponerlos contra la empresa privada y contra el alcalde. Aglutinar a la gente para que se levante y creen suficiente caos como para destituir al alcalde.
- Bueno, contra el alcalde es fácil ponerse en contra. Por ejemplo, todos los años llueve y no hacen obras para resistir esas lluvias…
- El alcalde dice que los privados se quedan con la plata y no le dan suficiente para hacer obras.
- ¡Eso no es cierto!
- Así es la política.


P.D. En la foto, la otra cara de Piura.

lunes, enero 19, 2009

Colán















Con imágenes así, las palabras sobran.
Solo me queda decirles que, en la foto, vemos el atardecer que pude contemplar el viernes pasado en mi querida Colán.

martes, agosto 05, 2008

Fue ayer...


Fue ayer y por eso me acuerdo. No fue hace 15 años. No. Y quien diga lo contrario, miente. De hecho, estoy segura que cuando me encontré con una de las chicas de la foto en el supermercado el año pasado (los gritos asordaron a todos los vegetales) y me dijo que no me veía desde hace 15 años había cometido un error de cálculo, porque nosotras aún seguimos teniendo 15.

No se dejen engañar por esas miradas desafiantes y esos cabellos revueltos al estilo de la mismísima Gloria Trevi, nosotras éramos unas niñas muy pero muy tranquilas que no daban ningún problema a las madrecitas del Santa María.

No vayan a pensar que nosotras hacíamos bulla, hablábamos en clase o bailábamos en los recreos. No se les ocurra pensar que un día llegamos tarde a clases por ver la final del mundial de voley (Perú vrs. Rusia).

Y por favor, no crean que esos años fueron maravillosos. Ya eras lo suficientemente grande para ser independiente, pero lo suficientemente chica como para seguir dependiendo de los padres. Reías, hablabas por teléfono, paseabas, te divertías y tenías todo el tiempo del mundo para disfrutar la vida.

Sí, fue ayer y no solo lo recuerdo, sino que de vez en cuando miro hacia atrás y deseo volver a vivir esos mágicos 15 años.


P.D. Promo: aquí va la foto prometida.

Y sí, aquí las imagenes confirman que aunque han pasado un par de años (solo eso he, un par de años) seguimos todas con espíritu quinceañero. Todas estamos igualititititititas he... mirad y comprobarlo...

miércoles, febrero 27, 2008

Una vez más


Corre y si es posible vuela, porque no llegas. Conferencia de prensa a las nueve sobre un lindo proyecto de televisión en vivo en los colegios. Entrevista a las once con una transnacional que cuando llegué me dijeron que no me estaban esperando. Entrevista a las doce en el Ministerio. Salgo a la una y resulta que en la transnacional si me habían estado esperando… y que me van a recibir a las tres. Total que llego al diario, reviso sin terminar mi correo y voy a la transnacional otra vez, pero por otra puerta. Y ahora si me reciben. Y salga usted corriendo porque el bus para Piura sale a las 4:30. Llegué a las 4:37 y aunque todavía no se había ido el bus, no me dejaron subir… y se fue sin mí.

Tal parece que Oltursa se ha tomado en serio el lema del señor presidente de erradicar la hora peruana (una hora después de la pactada). Lo desagradable es que el encargado estaba tan molesto como yo y no hubo manera de hacerlo detener el bus. Lo agradable es que la señorita que me vendió un nuevo pasaje (!!!) al menos me daba la razón (se ponía en mi lugar) y me repetía que aun cuando le parecía injusto, no podía hacer nada por ayudarme. Al menos ella si escuchó la charla de atención al cliente.

A pesar del pronóstico de lluvias, llegamos a la hora pactada. Eso sí, mientras caminé para tomar un taxi rumbo a Colán pude ver a mi querida Piura golpeada, cual si hubiera ocurrido un bombardeo: toda llena de polvo, poblada de charcos y con gente apesadumbrada. Era casi una Venecia negra, con los pobres de luto. “¿Y dónde está la plata que se dio para invertir la última vez que hubo lluvias? ¿Cómo es que nunca estamos preparados?” – se quejó mi compañera de taxi mientras contemplábamos las gruesas gotas que mojaban la luna del auto.

Si fuera la primera vez que llueve torrencialmente, se entendería la falta de previsión. Pero no. Ya en 1983 se vivieron las más históricas inundaciones. En el 97 se volvió a tener lluvias catastróficas. Y el año pasado los sabios del clima pronosticaron otro suceso parecido. ¿Por qué no sabemos prevenir? Según mi compañerita de taxi, la culpa es de los alcaldes y presidentes regionales, que no planifican bien las construcciones y no toman previsiones en beneficio de los agricultores…

Finalmente llegué a la playa y me dio de golpe toda su calma. Era como si el tiempo se hubiera detenido y el caos limeño estuviera a mil años luz de distancia. Allí estaba ella sonriente, cálida, acogedora. Sin embargo su espíritu estaba algo rebelde, sus olas agitadas y su humor algo amargo. “Ayer tuvimos oleaje”, me comentó mi abuela. Y al bajar a la arena lo pude comprobar. En la orilla el agua llegaba acompañada de cientos de ramas que el río había depositado ayer con ímpetu desmedido. Estaba la pobre toda revuelta.

Felizmente al atardecer ya el agua había votado todos los desperdicios y aunque seguía agitada, jugueteaba coqueta con el sol e invitaba a los veraneantes a sumergirse en sus encantos. Y para la mañana siguiente, cual niño travieso que espera no ser castigado, el agua estaba más calmada que nunca. Como queriendo convencernos de que no iba a volver a repetir sus tretas de 1983, cuando se agitó tanto que derrumbó el 95% de las casas de playa.

Aún recuerdo a mi abuelo parado en las ruinas, en el único pedazo de patio que quedaba, clavando sus intensos ojos azules en el fondo del mar. Yo no cumplía aún ocho años y no tenía noción de lo que cuestan las cosas, pero sí que me imagina que iba a ser un poco difícil volver a construir toda la casa de nuevo. Nunca olvidaré la impresión que me causó ver solo agua en donde antes habían terrazas, mesas, amacas, juegos de mesa, vajillas y mil cosas más. Y nunca olvidaré la hermosa lección que en aquel entonces me dio mi abuelo. No había necesidad de gritar, ni de desesperarse por los miles de dólares perdidos o los recuerdos que se llevó el agua. El sonrió (aunque le provocara llorar) hizo un par de comentarios graciosos al par de nietas que lo acompañaban, conversó con algunos pescadores, sacó algo de dinero de la billetera y manejó de regreso a la ciudad sin perder la calma ni el buen humor. Y ni bien acabaron las lluvias empezó la construcción de la nueva casa. Y para el siguiente verano, al igual que el resto de veraneantes, teníamos una muy linda nueva casa …

lunes, febrero 11, 2008

Que porqué te quiero...


Inclemente o Adorable, según se te vea. Uno es capaz de viajar 12 horas - las doce horas en avión de la rox o las doce horas en bus desde Lima – con tal de sentirlas tan solo unos instantes. Sumergirse en ellas es casi una de las razones por las que vale la pena vivir. Suaves, aún cuando estén agitadas, sus olas nos envuelven y atrapan hasta dejarnos sin aliento y sin libertad para huir. Los que no te conocen y no te han gozado desde que nacieron afirman, con poco acierto, que todas son iguales, que no hay playa especial. Y quizás sí, en apariencia, todas las playas tengan arena y agua salada, pero no hay ninguna igual a ti. Con ese toquesito de sal que hiere los labios, una agitación que no llega a ser suficiente para un surfista hawaiano y unos cambios de ánimo casi constantes, el agua colaneña es y será siempre la adoración de los piuranos.

No eres tan famosa como la pintona de Máncora (Tumbes), ni tan llena de turistas como Copa Cabana (Brasil). Tampoco eres tan de ensueño como en Uruguay ni tienes supermercados y teatros a la vuelta como Asia (Lima). Tampoco estás libre de las desigualdades típicas del Perú (ver enero en el blog de Rafo Leon en Caretas) pero eres amorosa, dedicada, clemente y acomedida. Eres tú Colán, nuestra favorita.

¿Será que cuando se vive en un desierto como el piurano tendemos a ensalzar al agua aún cuando está salada? ¿Será el calor piurano el que nos lleva a encontrar una reconfortante paz con tus tibias caricias? ¿Será el exceso de sol el culpable de gozar tanto cuando finalmente se va y nos deja un cielo anaranjado que combina perfecto con tu ocasional verde esmeralda? ¿Será que tú estas siempre allí y no caes irrespetuosa desde lo alto para destruir todo a tu paso como sí lo hacen esos huaycos tremendos que anualmente nos dejan los ríos y hoy tienen a medio Perú de duelo? ¿Será el amor verdadero tan grande como el que te tenemos?