Después de la penosa experiencia de ver La Rosa Del Azafrán hace unos años interpretada por la compañía L'Opera Amore (de Marco Moncloa) en el Teatro Amaya, no tenía intención yo de repetir, pero fui al Teatro de la Latina a ver la Luisa Fernanda con esta misma compañía.
Una amiga mía venía de Alemania y quería ver zarzuela, así que compramos entradas.
He de decir que el resultado fue bastante mejor del esperado.
Evidentemente se trata de una producción privada, con medios muy limitados y donde se nota mucho la escasez de presupuesto: los decorados son tres puertas, un árbol, una mesa, un banco y tres sillas. El vestuario parece sacado de la sección de disfraces del chino de al lado. El cuerpo de baile es UNA bailarina. Y la dirección escénica no es que sea tradicional, es que es inexistente.
Sin embargo disfrutamos la velada. Primero porque la Luisa es un zarzuelón de primer orden y segundo porque en el terreno musical la cosa fue digna (no aplicable a la del teatro Amaya).
Una orquesta reducida pero suficiente (de intérpretes jovencísimos por lo que pude atisbar) sacó adelante la partitura a pesar del descontrol de los metales. Correcto. El coro, 12 personas que hacían también los papeles comprimarios, correctos también.
Solistas: Luisa Fernanda fue Paola Leguizamon, una mezzo colombiana de potente voz. Lástima que el rol sea tan amargado y antipático. Estuvo muy bien. La duquesa Carolina fue Raquel Albarrán, elegante y cumplidora, luchando contra un espantoso vestido rosa chicle. Vidal Hernando fue Pablo Rossi, voz madura muy apropiada para el papel, sacando los matices. Y Javier el tenor fue Julio Morales, quien por lo que veo ha estado en varios musicales. Sacó los agudos de este complicado rol, todos en forte, pero los sacó con seguridad. He visto a tenores de renombre en teatros más principales pasarlas canutas cantando el Javier, así que ole por él. Me pareció muy interesante la voz de Rosita, la soprano riojana Vanesa Ruiz. Amelia Font demostró que lo suyo son tablas y lo demás tonterías. Y me hizo ilusión ver a Ricardo Muñiz, antaño tenor protagonista de zarzuelas, como Don Florito.
En el último entreacto el director musical se volvió al público y nos comentó que la fundadora de la compañía y directora de orquesta tenía por costumbre en ese punto hacer cantar al respetable la mazurka de las sombrillas y que lo tenían ya como tradición. Y allá que nos pusieron unos sobretítulos de karaoke y todos a cantar como buenamente podíamos el "A San Antonio por ser un santo casamentero". Evidentemente, la audiencia se puso como loca. Una experiencia.
Al finalizar la función el director de la compañía, Marco Moncloa, soltó su ya característico discursito a favor de la zarzuela (digo ya característico porque en La Rosa del Azafrán también lo hizo, así que imagino que siempre lo hace) con menciones despectivas a los musicales y un aire muy poco humilde de ganas de arengar a las masas. Desconecté por completo, me puse a mirar el móvil y no le hice ni caso.
Y esa fue la experiencia. Por supuesto no es equiparable a la de un teatro de gestión pública y hay que tener en cuenta las características. Y nosotros disfrutamos dentro de lo que cabe.
