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miércoles, julio 09, 2008

¿Paro?


Salí un tanto más temprano, tomando en consideración la recomendación que me dieron ayer. La idea era poder entrar al centro antes de que lleguen los manifestantes. Ya me ha pasado antes que he debido esperar inmóvil más de media hora mientras los manifestantes avanzan a paso de tortuga (aunque sus gritos sonaban tan duro como el rugido de un león).

Me tocó un taxista ayacuchano, que vive en Lima desde hace más de 15 años. Su mamá los sacó de su pueblo porque había mucha violencia terrorista y fue su salvador Fujimori a quien les deben, nos dijo, una mejor forma de vida. “Lástima que haya hecho otras cosas no tan buenas”, me comentó.

Sin nada de tráfico y nada de manifestantes (la vía expresa estaba más despejada que un domingo), llegamos al diario rápido. Pero en el resto del país no se vive lo mismo. Las imágenes nos muestran a un Junin quieto y en silencio, sin ni siquiera los mercados abiertos, a algunas carreteras de entrada a Arequipa bloqueadas y a algunos pobladores de Ica protestando desde muy temprano.

El paro, abiertamente declarado como una manifestación política en contra de la economía de libre mercado que tan buenos resultados nos ha dado en los últimos años, recién empieza. Y si bien es cierto que la mayor parte de la población no lo va a acatar porque sienten no hay ninguna situación demasiado grave por la cual reclamar, el temor ante lo fuerte que puedan ser las protestas domina el ambiente. Y no es para menos. Los desvanes que hicieron recientemente los estudiantes de la Universidad San Marcos porque van a construir una pista que invade parte de su jardín alertaron a la población y nos recordaron lo que era una práctica habitual en épocas del terrorismo.

Con la venia europea (aún no entiendo como se les ocurrió declarar en el congreso europeo al MRTA como un movimiento no terrorista) los chicos se levantaron encapuchados al estilo terrorista, tomaron la oficina del rector y tiraron piedras a los trabajadores municipales como si no fuera posible reclamar pacíficamente y gestionar lo que haga falta para evitar que la pista cruce uno de sus jardines. ¿Y porqué habrían de actuar con calma si quienes fueron violentos tienen justificación internacional para actuar como quieran y no ser sancionados como terroristas?

El Perú tiene 28 millones de habitantes y son solo unos cientos los que marcharan por las calles el día de hoy. El tema no es que reclamen – es bueno expresar disconformidad con algo y solicitar mejoras – sino la forma en que lo hacen. Que caminen tranquilos, que expongan su punto de vista y sean escuchados. Pero nada más. Tirar piedras, quemar llantas, empujarse, golpear a la gente o impedir que quienes quieren seguir trabajando lo hagan no va a solucionar sus problemas. Acuérdense de Mahatma Gandhi y olvídense de Abimaél Guzmán. La violencia nunca nos va a beneficiar.

sábado, mayo 17, 2008

MRTA


Estimados visitantes:

Ayer, viendo a tantos mandatarios europeos reunidos en la nublada Lima para discutir como combatir la pobreza y como evitar que el calentamiento global genere mayores desastres, surgió el imperativo deseo de decirles algo muy importante.
Como no puedo decírselos directamente, se los pongo por escrito. Y sé que es la opinión de muchos limeños.

El Perú está saliendo de una terrible crisis económica que lo castigó por muchos años. Tenemos ahora, gracias a medidas que aplicaron sujetos que hoy están en los tribunales por otras razones, una economía creciente, una inflación controlada y una pequeña pero esperanzadora reducción de la pobreza. Pero todo eso no hubiera sido posible si siguiéramos teniendo ataques terroristas.
Cuando vemos en las noticias ataques de los terroristas islámicos o cuando contemplamos el dolor ante los secuestros en Colombia, sabemos lo que ellos sienten. Nosotros vivimos con el temor muchos años, llenos de torres derrumbadas, coches bombas y asesinatos a la vuelta de la esquina. Quienes mataban tanto a políticos como a inocentes buscando un cambio social estaban cegados por el odio al que tiene dinero y el descontento ante su propia realidad. Tenían razones para estar molestos, nadie lo duda, pero eligieron el camino más sangriento para demostrar su insatisfacción.

Si alguien me dice que un señor era terrorista y ahora ha decidido convertirse en un político de izquierda que no usará nunca más las armas, digo, bueno, aprendió la lección y cambió su forma de proceder. Pero si me dicen que un grupo terrorista, culpable de tantas muertes sin sentido y de tanto dolor en miles de peruanos, tiene el permiso del parlamento europeo para reunirse sin problemas y ya no son reconocidos como grupo terrorista... nosotros les decimos que no.
Señores europeos, los peruanos no queremos que el grupo terrorista MRTA ingrese a la lista de grupos no terroristas. El grupo MRTA es y seguirá siendo terrorista. Si sus miembros quieren dejar de actuar en forma violenta y sanguinaria, que se agrupen en un nuevo partido político. Pero no los dejen con el nombre limpio, como si tanto dolor en nuestro pueblo pudiera ser olvidado tan fácilmente.

Nosotros sabemos lo que es tener cinco años y no poder ir al parque porque era peligroso, tener miedo en las noches porque de repente se iba la luz y no podíamos seguir viendo Candy, tener que apagar corriendo la televisión porque aparecían unos señores matando gente... nosotros sabemos lo que es vivir con el terror y no deseamos que quienes hicieron a un pueblo sufrir tanto estén ahora con el permiso de Europa para no llamarse terroristas.

Por favor, en su próxima reunión, tengan a bien poner al MRTA de nuevo en la lista de grupos terroristas. Los acaban de sacar hace algunas semanas, pero de sabios es enmendar la plana.


PD: Y que haya paz en el país no es porque el MRTA haya dejado de ser violento, sino porque fueron capturados y encarcelados sus dirigentes y no se les ha dejado operar a gran escala como lo hicieron muchos años atrás. Pero quedan aún algunos de sus miembros fastidiando a quien pueden (lo bueno es que los militares los han controlado), como testimonio están las declaraciones de una tribu indígena que vino hasta Lima para dar sus quejas.