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jueves, junio 11, 2009

¡Paz, paz, paz!!!


Vengo de sacar unas fotocopias y lo que vi no me gustó. Pasaban caminando, flacos y con el ceño fruncido, con sus banderas rojas al aire, los huelguistas. Y recordé, como todos los presentes, tantas cosas.

A mí, y a los de mi generación, no nos toman el pelo. Nosotros crecimos conscientes de que no se podía jugar en el parque porque era peligroso, que la noche no era segura porque alguien tiraría una bomba a alguna torre y nos dejaría sin luz. Y que habían unos señores muy interesados en matar a todo aquel que no estaba de acuerdo con ellos y por eso necesitábamos guardaespaldas y una bandera blanca si salíamos en la noche.

El terrorismo fue parte de nuestras vidas. Aprendimos a vivir con él. Sabemos cómo funciona y el inmenso dolor que genera. Y sabemos cómo fue derrotado. Hubo falta mucha inteligencia, mucha autoridad severa y sí, más de un craso error que le costó la cárcel a quien lideró la gestión de su derrota.

Ahora nosotros ya nos estábamos acostumbrando a lo lindo que es salir a la calle tranquilos, sin temor. Pero quedan algunos a los que no les gusta esa paz. Son los mismos que en una semana nos han hecho volver a ver lo que fue: un apagón, una huelga y mucho terror.

Terrorismo es dominación por el terror, uso sistemático del terror para coaccionar. El terrorismo implica usar actos de violencia para infundir terror y motivar a un Estado o a un grupo humano a ceder. Y son aquellos que siembran terror los que se han aprovechado de las justificadas quejas de unos pobladores de la selva y, al parecer, mataron a policías y a indígenas mientras ambos se enfrentaban por un problema de tierras. Son esos sembradores del terror los que están sembrando miles de rumores para asustar más a la gente y que se aprovechan de un tema (en esta ocasión, los derechos de los selváticos) para desestabilizar.

Y yo solo puedo decirles que nada se soluciona con la violencia, que el miedo solo genera angustia, que el bien no se consigue con el mal, que no es necesario matar a policías e indígenas para mejorar el mundo.

Necesitamos paz, amor, perdón, comprensión, tolerancia, respeto…

martes, octubre 14, 2008

Siempre presentes


Con 44 de 48 horas sin dormir, subí al taxi decidida a no hablar nada, pero no pude. El taxista comenzó a comentar esto y aquello y terminé absorta escuchando lo que decía. Y no es para menos. Tanto, que no pude evitar contarlo aquí.

Me dijo, que la Comisión de la Verdad no hizo nada por él y su familia. Que él sabía lo que era esconderse a dormir en los cerros para que los terroristas no los encontraran, que tuvo que criar a los tres hijos de su hermana porque a ella la mataron por no pagar “el cupo”, que su tío fue muerto por no colaborar con la “guerra” y lo dejaron tirado en la carretera “para que los lobos se aprovechen”, que se vino a Lima buscando darle paz a su familia pero no consiguió que en la noche su sobrino de cuatro años dejara de llorar “pidiendo que tranquen la puerta para que no vengan los terrucos a matarlos”...

Molesto, destacó que le parecía imcomprensible que quienes capturaron a los terroristas estén hoy en la cárcel y sigan existiendo políticos corruptos de saco y corbata haciendo de las suyas. Añadió que estaba convencido de las bondades del TLC con los Estados Unidos y que esperaba hacer muchas carreras en el Apec...

No son inventos, no son exageraciones, no son películas. El terrorismo hizo sufrir mucho a este país y sus sobrevivientes no lo olvidan. Tanto, que uno en las calles se encuentra, sin querer queriendo, con víctimas de toda esa historia, que no se cansan de repetir sus relatos cuantas veces sea necesario para tratar de conseguir justicia.

Es por eso que nos parece triste encontrar algunos medios de comunicación – como el de la foto – que instan a la violencia, a la revolución, a la desestabilización y el odio. El país resurge económicamente, se estabiliza, se llena de inversiones y se esfuerza por organizarse mejor... mientras que existen algunos que hacen desplantes y buscan cualquier evento para hacer bulla y desestabilizar al país. Felizmente el peruano de a pie no olvida las negativas consecuencias del odio, prefiere el progreso limpio y gasta cincuenta céntimos en noticias (y no en apología del resentimiento).

miércoles, julio 09, 2008

¿Paro?


Salí un tanto más temprano, tomando en consideración la recomendación que me dieron ayer. La idea era poder entrar al centro antes de que lleguen los manifestantes. Ya me ha pasado antes que he debido esperar inmóvil más de media hora mientras los manifestantes avanzan a paso de tortuga (aunque sus gritos sonaban tan duro como el rugido de un león).

Me tocó un taxista ayacuchano, que vive en Lima desde hace más de 15 años. Su mamá los sacó de su pueblo porque había mucha violencia terrorista y fue su salvador Fujimori a quien les deben, nos dijo, una mejor forma de vida. “Lástima que haya hecho otras cosas no tan buenas”, me comentó.

Sin nada de tráfico y nada de manifestantes (la vía expresa estaba más despejada que un domingo), llegamos al diario rápido. Pero en el resto del país no se vive lo mismo. Las imágenes nos muestran a un Junin quieto y en silencio, sin ni siquiera los mercados abiertos, a algunas carreteras de entrada a Arequipa bloqueadas y a algunos pobladores de Ica protestando desde muy temprano.

El paro, abiertamente declarado como una manifestación política en contra de la economía de libre mercado que tan buenos resultados nos ha dado en los últimos años, recién empieza. Y si bien es cierto que la mayor parte de la población no lo va a acatar porque sienten no hay ninguna situación demasiado grave por la cual reclamar, el temor ante lo fuerte que puedan ser las protestas domina el ambiente. Y no es para menos. Los desvanes que hicieron recientemente los estudiantes de la Universidad San Marcos porque van a construir una pista que invade parte de su jardín alertaron a la población y nos recordaron lo que era una práctica habitual en épocas del terrorismo.

Con la venia europea (aún no entiendo como se les ocurrió declarar en el congreso europeo al MRTA como un movimiento no terrorista) los chicos se levantaron encapuchados al estilo terrorista, tomaron la oficina del rector y tiraron piedras a los trabajadores municipales como si no fuera posible reclamar pacíficamente y gestionar lo que haga falta para evitar que la pista cruce uno de sus jardines. ¿Y porqué habrían de actuar con calma si quienes fueron violentos tienen justificación internacional para actuar como quieran y no ser sancionados como terroristas?

El Perú tiene 28 millones de habitantes y son solo unos cientos los que marcharan por las calles el día de hoy. El tema no es que reclamen – es bueno expresar disconformidad con algo y solicitar mejoras – sino la forma en que lo hacen. Que caminen tranquilos, que expongan su punto de vista y sean escuchados. Pero nada más. Tirar piedras, quemar llantas, empujarse, golpear a la gente o impedir que quienes quieren seguir trabajando lo hagan no va a solucionar sus problemas. Acuérdense de Mahatma Gandhi y olvídense de Abimaél Guzmán. La violencia nunca nos va a beneficiar.