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lunes, octubre 06, 2008

3,2,1...


Ya no falta nada. Estamos a casi un mes de la llegada de variados presidentes para la reunión principal del APEC y allí están las calles aún rotas, sobre todo en el centro. Haciendo honor al espíritu de "último minuto", las contratistas mantienen aún muchas calles en reparaciones y recién parece que se están apurando. Y claro, si no terminan en tres semanas...
El taxista de la semana pasada me contó que un colega suyo quería demandar al alcalde por daño sicológico, estrés y abuso de autoridad. Y es que ellos son quienes más sufren porque se pasan todo el día evitando una y otra avenida para llegar a destino. Al menos los que van a trabajar solo sufren dos veces al día...

P.D. Y hoy, luego del primer temblor de octubre (cuatro grados de breve pero intenso remesón)el caos de las calles hizo su esplendor. Caminar por la Av. Emancipación era como avanzar entre cerros de polvo y piedritas de pista rota por las "reparaciones"...uno casi se siente Indiana Jones al lograr llegar a la siguiente esquina. Ojalá no más que octubre solo traiga temblorcitos leves de la tierra y no terremotos políticos al ser descubiertos tremendos escándalos políticos como el de Petro Perú...

lunes, enero 14, 2008

Debilidad...

Y bueno, ya de regreso en la caótica Lima, mientras venía al diario en el avejentado y desteñido ómnibus de costumbre, vi que dos asientos más adelante había una chica parada dando besitos a un cómodamente instalado galán. La delgada chica asumo tendría unos 22 años e iba llenando de mimos a un chico bien guapo que estaba sentado al pie de ella. ¿Por qué él está sentado y su novia parada? – me pregunté inmediatamente y como buena curiosa, estuve al pendiente para ver si siquiera hacía un gesto de ofrecerle el asiento. Nada. En determinado momento, casi media hora después, hubo un asiento delante de él y ella se sentó (por tanto, si estaba cansada y quería sentarse). Un tanto irritada observé como, al momento de bajar, el guapo y musculoso muchachote se paró sin ningún contratiempo y bajó realizando un perfecto movimiento de piernas (no señoras, no había fractura ni dificultad alguna que justificara no haya cedido el asiento a su propia novia…).

Entonces me acordé que el viernes, al regresar del diario por la misma ruta había visto por la ventana como un tipo, aparentemente borracho, le tiró dos golpesototes a una mujer (asumo que era su novia) en plena calle a la vista y paciencia de todo mundo. Recuerdo que no pude evitar emitir algunas exclamaciones de espanto ante tremenda descarada violencia al tiempo que mi vecina, una cincuentona fachosa, miró con desdén y me dijo “Allá ella que se lo permite. A una mujer la tratan como ella quiere que la traten”. Me molestó mucho el comentario de la señora en ese momento pero hoy lunes, viendo esta otra escena recordé su comentario y sí, a las mujeres nos tratan como nosotros dejamos que nos traten…

miércoles, junio 20, 2007

Nada que ver

¿Sabían ustedes que los vendedores ambulantes de las esquinas limeñas son casi diez mil y venden por lo menos 40 millones de soles al mes entre todos? ¿Sabía que cada uno de ellos obtiene un aproximado de 15 soles de ganancia diaria y que repone su mercadería dos o tres veces al día? Lo escuché temprano en la radio. No puedo citar la emisora porque el ruido que emitía el viejo ómnibus me impidió descifrar quien, entre “tú eres lo que yo más quiero” y “volveré”, hablaba al otro lado del micrófono.

Acto seguido, casi por instinto, volteé a mirar por el empañado vidrio a los variopintos vendedores ambulantes, muchos de los cuales recurren a las más emotivas historias, desde hijos en el hospital hasta la falta de empleo por ser expresidiarios, para vender sus productos. Chocolates de marca, lapiceros chinos, pop corn, maní, títeres, manuales de cocina y hasta la famosa lupa de bolsillo de oferta son ofrecidos a los transeúntes al predecible precio de un nuevo sol.

A los pocos minutos bajé del micro y me crucé, como de costumbre, con la señora de los guantes, el vendedor de huevos de codorniz y el relojero. Pasé, una vez más, a mirar los titulares y me espanté con las intensiones de Fujimori de postular al senado japonés. Nadie les puede negar astucia….

Finalmente, como todos los días, llegué a la redacción y abrí mi diario. Y, ustedes comprenderán, me entretuve en la sección espectáculos porque vi la foto de mi galán favorito, Tom Cruise. Acto seguido miré los programas recomendados y si, recordé que como estamos martes, no hay nada que ver.

¡Misericordia! A los señores de Sony no se les ha ocurrido mejor idea que seguir la moda de las multinacionales de adaptar la programación televisiva a la realidad local. Genial si estamos hablando de producir nuestras propias comedias dramáticas en donde se refleje la realidad que vivimos en el tercer mundo y se critique con un poco de gracias nuestras carencias. Pero crear un programa políticamente incorrecto en donde se recoge toda la mala educación con unos dibujos animados altamente groseros no era necesario. ¿Debemos estar orgullosos de que la adaptación de la programación a nuestra realidad implique vulgaridad extrema? ¿Para distraernos de la monotonía diaria necesitamos dibujos deformes recogiendo las lisuras callejeras?

Es recién ahora que no tenemos nada que ver…


p.d. Disculpen el desorden en la cabecera. Estoy tratando de rediseñar mi blog y me está tomando harto trabajo entenderme con blogger. Cualquier ayuda bienvenida

viernes, mayo 18, 2007

Arbolito


La intensidad y variedad de tus verdes me encantan. No digo que me enamoran, para no sonar muy exagerada, pero es casi esa la sensación. Quizás es por la presencia de más oxígeno, o por las caricias del viento, o por la frescura que los envuelve... pero mi alma goza cuando los contemplo. Es como si nos recibieran con una sonrisa.
Buenos Aires tiene eso y mucho más. Un ambiente de bohemia que encandila, una Florida llena de tiendas y un dulce de leche convincente. Además la gente es muy amable, los bailarines callejeros de tango una constante y aún no hace tanto frío.
Evité repetir el mal rato de que un taxista me engatuzara con "pesos falsos" y opté por caminar tanto como pude. Ciertamente debía tener por ratos cara de extraviada porque más de uno se me acercó a decir "¿Vos no sos de aquí?" o "¿Qué estás buscando?" pero bueno, lo importante es que al final llegué a visitar todas las calles que quería visitar.
¿Qué si me llevo un mal recuerdo? No, ninguno. Quizás la pena de saber que en un sitio tan lleno de árboles tan lindos haya perdido la vida un grupo musical peruano que justamente era especialista en cantarle al arbolito donde estaba escrito tu nombre y el mío....

Sólo sé que espero regresar pronto...

miércoles, mayo 02, 2007

Vanguardias de la Emancipación

Por razones diversas propias de las complicaciones del periodismo, me encontraba yo en 28 de julio esperando un bus que me acercara al diario. Apurada como siempre, preferí empezar a caminar por la avenida Lampa para llegar a Emancipación. Como eso de estar ahí inmóvil con cientos de amigos de lo ajeno era un riesgo, asumí que al moverme correría menos peligro.

Unos pasos más allá empezó mi taquicardia cuando, en lugar de cruzarme con un vendedor de choclos sancochados, me topé con un vendedor ambulante de armas. Ahí, casi al pie del palacio en donde se supone se decide quien ha sido justo y a pocos metros de donde se consiguen todos los títulos falsos que uno pudiera imaginar, estaba tan campante un hombre mostrando navajas y pistolas al mejor postor.

Luego de avanzar presurosa, me topé con una bandada mañanera de criminales. Cual manada, iban con paso torpe, ropas viejas y miradas incisivas. “¿Qué hacen tantas personas juntas, sin prisa alguna, paseando sin rumbo, buscando problemas?” me dije mientras baje la velocidad al mínimo para no tener que cruzármelos.

Asombrada, vi a las jovencitas que “alquilan” sus celulares en una esquina. Letrero al cuello y risa en los labios, las casi niñas estaban despreocupadas buscando clientes sin prestar mayor atención a las continuas bandadas o pandillas que circulaban por el lugar.

Al parecer, los diversos grupetes de chicos no habían dormido y su circulación a las ocho de la mañana tenía más apariencia de búsqueda de víctimas para “continuar la juerga”. Los pocos “oficinistas” vestidos de traje bajaban asustados de sus taxis y prácticamente corrían al interior del palacio, como si dentro de él se pudiera encontrar la paz.

Convencida ya de que nunca debí haber circulado tan temprano por esas calles, llegué a Emancipación con el alma en la boca. Ahí estaban el vendedor de lupa de bolsillo de oferta, los lustrabotas, el cieguito con sus controles remoto universales, la gordita que te ofrece pesarte en una pequeña balanza y el cojo de los chocolates. Suspiré aliviada al encontrarme con mis habituales informales.

Al rato mi sorpresa fue mayor cuando, pasando al canillita, ví un llamativo letrero en donde la modernidad había llegado. La dueña, con el orgullo de quien descubrió la pólvora, invitaba a los transeúntes a la cibernética. “Balanza Digital” rezaba el letrero imponente, marcando la diferencia. Sí, era una balanza casera puesta en el piso como las demás, pero por la supuesta exactitud que ofrecía su sistema, costaba el doble: nada menos que veinte céntimos (0.05 centavos de dólar).

Luego de sonreírle a la orgullosa dueña de tan alta modernidad la calma volvió. Estaba aliviada al ver a mis habituales desconocidos, quienes me parecieron hasta inofensivos a pesar de la mala fama de la calle Emancipacion. Contemplé entonces los titulares de la prensa en donde destacaban la matanza realizada por un joven asiático en una universidad norteamericana. Y sentí a norteamérica tan cercana...