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domingo, 28 de marzo de 2010

El huevo de la serpiente: mi artículo en Nueva Tribuna


Publico un artículo en Nueva Tribuna titulado "El huevo de la serpiente":

El huevo de la serpiente

* Carlos Carnero

Esa expresión, que todos conocemos e inmortalizó William Shakespeare en su Ricardo III, quedándose para siempre en nuestro imaginario colectivo, me viene a la mente cada vez con más frecuencia (entre avión y avión, conferencia y conferencia para promover los objetivos y propuestas de la Presidencia Española de la UE) a medida que pasan los días y algunos dirigentes políticos españoles se alejan a velocidad creciente de la tolerancia y el respeto que nos permitió restablecer la democracia y recuperar el ritmo de progreso de los estados de derecho de nuestro entorno europeo.

En realidad, el populismo es hoy el huevo de la serpiente y sus reglas están concebidas ex profeso para incubarlo: mentir sin escrúpulo alguno, prometer lo imposible, aferrarse a los instintos más primarios de las sociedades rescatando del baúl de los horrores todo aquello que habíamos dejado guardado bajo cuatro llaves, descalificar con frases tan gruesas al adversario político que dejan a este anonadado en un primer momento pero terminan filtrándose por los poros de la sospecha y el rencor, como en realidad se pretende.

Ideas viejas para tiempos nuevos que algunos imaginan luminosos para sus intereses, olvidando los colectivos y dispuestos a alcanzarlos al precio necesario, no importa lo alto que sea.

Un día el populismo pide la cadena perpetua, en contra de la realidad del cumplimiento de las penas y de la propia Constitución; otro se enseñorea de una fotografía que pasará a la historia en sepia con la risa heladora y pandillera de quien acosa al oponente, aunque sea este Presidente del Gobierno; un tercero, en fin, afirma que el Jefe del Ejecutivo tiene un proyecto que es aliado potencial del de ETA. Y todavía algún ingenuo pide que al autor de la barbaridad le desautoricen, cuando, de hacerse, se volvería a preguntar “¿no era este el camino?”.

Y otra semana, como era se esperar que ocurriera en algún momento y lugar, se zarandea al rector de una Universidad –la Complutense en este caso, hiriendo a dos trabajadores de la seguridad- por haber cometido el imperdonable delito de hacer mixtos los Colegios Mayores, un auténtico sacrilegio orientado a cometer un pecado tan nefando como que mujeres y hombres convivan en esos recintos como lo hacen en cualquier otro entorno social. Sin duda, una idea de bolcheviques, en recuperado término por parte del firmante de la barbaridad arriba apuntada sobre ETA al referirse al aborto en una manifestación contra ese derecho constitucional y no encontrar mejor palabra para referirse a los que se atreven a defender la Carta Magna.

Pero que no se engañen. La serpiente, una vez fuera del cascarón, se muestra como un animal imposible de domesticar y que no reconoce dueños ni señores. El populismo, librado a su propia inercia, termina en toda circunstancia derrotando contra todos, tirios y troyanos, objetivos de sus dardos y sus insultos e inventores del fenómeno.

Por eso es preciso hacerle frente con el mejor antídoto para su veneno: el que mezcla la razón y la tolerancia, la explicación y la eficacia, la tranquilidad y la firmeza, acertando en tiempo y forma, demostrando a la ciudadanía que las promesas en el vacío son falsedades y que las buenas decisiones son las que responden a las necesidades de las grandes mayorías, que los valores europeos de libertad, dignidad y respeto son los que mejor se ajustan a nuestro presente y nuestro futuro.

Ricardo Gloucester sabe desde las páginas de su tragedia que es bien cierto lo que digo. Y ellos, en el fondo, también. Conviene que nosotros no lo olvidemos.

Carlos Carnero

viernes, 17 de abril de 2009

More in sorrow than in anger

En estos día nublados de la primavera, cuando uno se aferra con fuerza a la frase de mi amigo Shakespeare ("act more in sorrow than in anger"), otro amigo, Pedro Pablo Novillo, esta vez de La Mancha infinita en territorio y grandeza de corazón castellano, escribe sobre mi en su blog en términos que el paso de los días no borrará. Lo reproduzco a continuación:

abril

Un tiempo de casi obligado descanso me permite descubrir el paso acelerado del tiempo. Ya abril, cuando apenas despuntó la primavera hace días. Y este escaparate sin registrar nuevas hace meses (salvo la delicia de los comentarios de la Sargenta Pimienta, que lo renueva y lo revive).
Toca escribir, y me apetece. En especial después de que mi amigo Carlos (otros dirán el doctor Monroy) me haya 'revisitado', que así le gusta decir a él -y en francés, elegante y respetuoso con su maestro- que me ha vuelto a operar, para seguir obrando el milagro de restablecer la química de mi cuerpo, poco obediente a los paradigmas de la normalidad, a los rangos aceptables y comúnmente aceptados.
Han sido sólo 25 años los que han pasado (tiempo acelerado) desde aquella primera vez/visita, cuando los dos éramos, por más jóvenes, más sensatos. Hoy, al menos él, más sabios y, por lo mismo, menos conformistas. Sabio, y humano: así se lo quise agradecer y reconocer con el regalo de mi ejemplar de 'Ritournelle de la faim', el último de Le Clézio que me compré en París en otra fecha señalada, y que me había echado al zurrón de las lecturas por si la estancia en el hospital se prolongaba.
Toca escribir para felicitar a las gentes sabias (y espero que felices) por el aniversario que siempre celebro: ese 14 de abril que recuerda la esperanza, la decencia, la ética civil y la alegría truncadas. Lo hice desde la habitación 1015, y ahora en este espacio que a todos llega, y no sin una cierta tristeza al ver en la prensa que el que fue tantos años mi Partido (el Partido, decíamos, y yo hubiera escrito incluso ayer 'mi' PCE) sigue empeñado en renegar de lo mejor de su historia, que es -en alguna medida- lo mejor de mi historia: de la Constitución que tanto nos costó, por la que tanto trabajamos, que tanto soñamos, por la que tantos tanto sufrieron.
Tiempo de sueños, de lucha y de recuerdos, de anhelo de futuro. De Partidos y de amigos. Sobre todo, de amigos. De la conversación -¡cuánto tiempo, Isabel!- con los que son tan de siempre que da igual qué tiempo nos haya pasado.
Teniendo estos días un presente tan inmediato como reciente que ocupa mi tiempo y mi sueño (Bruselas, comité de educación, ganas de más Europa, necesidad de abrir nuevos espacios comunes, euroescépticos combatidos con optimismos a prueba de (casi) todo como el mío), otro Carlos, otro amigo -y qué críos érais, ¿te acuerdas?- se 'cae' de las listas a las elecciones al Parlamento Europeo. Se ve que trabajar más que ninguno (dejémoslo, si quieres, 'como el que más') no es valor, sino demérito. Que creerse a fondo (y ahora, tiempo de crisis, más que nunca) que reforzar y hacer crecer, hacer más soberana y más competente, a la Unión es el único futuro que nos está permitido a las gentes de izquierda y progresistas, tiene valor escaso porque da igual quien allí nos represente (incluso que aquello de allí sea consuelo, descansadero o trampolín, que no causa por sí sola suficiente y apasionante).
No seré yo quien anime al desánimo, no. Pero sí quiero desde aquí, en este modesto altavoz de tan cortos vuelos, rendirte homenaje, Carlos Carnero, joven amigo, y darte las gracias, y reconocer tu trabajo.
No sé si lo harán los muchos que deben a tu esfuerzo y a tu entusiasmo que la Europa de la que tanto tiempo estuvimos expulsados siga siendo un luminoso objeto de deseo, pero sí lo queremos hacer tus amigos, los que tanto te apreciamos y te queremos.
Hoy dice la prensa, en portada y grandes titulares, que 'la crisis hunde la confianza en las instituciones de la Unión Europea'. Nos tocará, seguro, levantar de nuevo esa bandera. Y ahí estarás tú, y yo contigo, que nadie nos tiene que enseñar que luchar por lo evidente, a pesar de todo, merece la pena.

sábado, 7 de marzo de 2009

Corrupción, imputaciones judiciales y Shakespeare

Leo todas las noticias de todos los periódicos sobre corrupción e imputaciones judiciales. Y me acuerdo, ante la reacción de algunos responsables políticos, de una frase pronunciada por un personaje de Shakespeare (ya conocéis mi predilección por nuestro amigo): "la verdad es el primer perro que se echa a la perrera". Triste y, sobre todo, indignante.

martes, 18 de marzo de 2008

Aznar interpreta a Shakespeare o "Volvería a hacer lo mismo"

"Volvería a hacer lo mismo". "Volvería a hacer lo mismo". "Volvería a hacer lo mismo". La frase no se me quita de la cabeza desde que la he escuchado en la radio. La pronunciaba Aznar en los micrófonos de la BBC, coincidiendo con el aniversario de la guerra de Irak. Fijaros: ni siquiera George Bush se atreve a verbalizar así lo que fue una decisión ilegal que ha tenido un coste incalculable en muerte y destrucción material. Tengo la impresión de que Aznar ha llegado a considerarse a sí mismo un personaje trágico al que le gustaría poder pronunciar la frase que Bruto dirige a Casio y a Mesala negándose a retirarse a Filipos en el Julio César de Shakespeare: "En los asuntos humanos hay un flujo que lleva a la fortuna si aprovechamos la pleamar. Si la dejas, harás el viaje de la vida tropezando con escollos y miserias". Quizás el que fuera Presidente del Gobierno creyó en las Azores interpretar ese papel. ¡Qué triste!, porque la pleamar de aquel funesto día se ha llevado cientos de miles de vidas por delante y ha sembrado de escollos y miserias la vida de un pueblo entero. No es extraño que aquí el público haya preferido a otro intérprete que declama su voluntad en buen castellano y se llama Zapatero.