"Si te quedas en mi paĂs" Enrique Verastegui
En mi paĂs la poesĂa ladra
suda orina tiene sucias las axilas.
La poesĂa frecuenta los burdeles
escribe cantos silba danza mientras se mira
ociosamente en la toilette
y ha conocido el sabor dulzĂłn del amor
en los parquecitos de crepé
bajo la luna
de los mostradores.
Pero en mi paĂs hay quienes hablan con su botella de vino
sobre la pared azulada.
Y la poesĂa rueda contigo de la mano
por estos mismos lugares que no son los lugares
para filmar una canciĂłn destrozada.
Y por la poesĂa en mi paĂs
si no hablaste como esto
te obligan a salir
en mi paĂs
no hay donde ir
pero tienes que ir saliendo
como el acné en el cascarón rosado.
Y esto te urge mĂĄs que una palabra perfecta.
En mi paĂs la poesĂa te habla
como un labio inquietante al oĂdo
te aleja de tu cuna culeca
filma tu paisaje de Herodes
y la brisa remece tus sueños
–la brisa helada de un ventilador.
Porque una lengua hablarĂĄ por tu lengua.
Y otra mano guiarĂĄ a tu mano
si te quedas en mi paĂs.
En los extramuros del mundo, 1971.
suda orina tiene sucias las axilas.
La poesĂa frecuenta los burdeles
escribe cantos silba danza mientras se mira
ociosamente en la toilette
y ha conocido el sabor dulzĂłn del amor
en los parquecitos de crepé
bajo la luna
de los mostradores.
Pero en mi paĂs hay quienes hablan con su botella de vino
sobre la pared azulada.
Y la poesĂa rueda contigo de la mano
por estos mismos lugares que no son los lugares
para filmar una canciĂłn destrozada.
Y por la poesĂa en mi paĂs
si no hablaste como esto
te obligan a salir
en mi paĂs
no hay donde ir
pero tienes que ir saliendo
como el acné en el cascarón rosado.
Y esto te urge mĂĄs que una palabra perfecta.
En mi paĂs la poesĂa te habla
como un labio inquietante al oĂdo
te aleja de tu cuna culeca
filma tu paisaje de Herodes
y la brisa remece tus sueños
–la brisa helada de un ventilador.
Porque una lengua hablarĂĄ por tu lengua.
Y otra mano guiarĂĄ a tu mano
si te quedas en mi paĂs.
En los extramuros del mundo, 1971.
DATZIBAO
De pronto perdĂ todo contacto contigo.
Ya no pude llegar al telĂ©fono, recordar ese nĂșmero y llegar a tu casa que no conocĂ.
Ya no pude volar sobre ti como todos los dĂas a las tres de la tarde estas pobres alas no dieron mĂĄs
y aquĂ me tienes ideando estas lĂneas que reflejan mis ojos cansados de ir caminando con la mente y las manos repletas de yerba.
Yo fui el primer sorprendido.
La extrañeza de ser dos aves hurgåndose el pecho y corriendo uno detrås del otro entre las matas y bancas del parque.
y éramos arrojados fuera de nosotros mismos y por esto fue que conocà tu ciudad
y me apreté contra ti buscando desesperadamente encontrarme en tus ojos y amé todas tus cosas
y tu mirada angustiada y esa seriedad para responderme a ciertas preguntas y cuestiones que nos diferenciaron para siempre de las personas nacidas antes de 1950
tu maravilloso instinto agresivo desarrollado contra los males del tiempo y portĂĄndote como en la mĂĄs furiosa embestida
en la batalla por un lugar en el taxi que nos alejĂł miles de cuadras mĂĄs cerca de la pasiĂłn de la vida
hoy miĂ©rcoles y no otro dĂa.
Porque ya es hora de ir poniendo las cosas en claro y mĂĄs que nada empezar a ser uno mismo
un solo obstinado bloque de rabia.
tĂș por todo lo que para mĂ reflejabas lo mĂĄs claro eres mi sopor antes de echarte a gritar por estos sitios malditos
aĂșn despuĂ©s de haber transformado esa palabrita bestialmente lĂșcida en una flor obsesiva
que yo no quiero acariciar ni comprender el suicidio mi amiga es una espera maldita.
como puede ser aguantarnos un par de horas mĂĄs en el parque en medio de un viento furioso que pugna por arrancar de raĂz lo mĂĄs nuestro de nosotros
y tĂș junto a mĂ convertida en mi aliento escuchĂĄndote aprendiendo de ti a la Molina no voy mĂĄs esa canciĂłn negra arde en mi pecho, me aplasta, levanta, avienta a decir no contra todo.
Cada uno recuerda su primera caĂda.
Cada uno recuerda paso por paso los pasos que fue dando y los que no dio porque en uno mismo estĂĄ el propio enemigo.
Y yo me levanto para luchar contra mĂ - y me tengo miedo.
Lo perfecto consiste en desabotonarnos el torso mientras vamos salvajemente penetrando en esta selva de arenas movedizas
y tu vida o mi vida no ruedan como esas naranjas plĂĄsticas que eludimos porque tĂș y yo somos carne
y nada mĂĄs que un fuego incendiando este verano.
La vida se abre como un sexo caliente bajo el roce de dedos reventando millares de hojas tiernas y hĂșmedas,
y no dijimos nada pero exigĂamos a gritos destruir la ciudad, esta ciudad ese monstruo sombrĂo escapado de la mitologĂa
devorador de sueños.
Y el musgo creciĂł como un verso clarĂsimo en tus ojos.
tĂș querĂas leer mis poemas aferrarte a ese instante de dulzura donde jamĂĄs hubo lĂmites entre uno y otro ser
y fuiste sĂłlo una muchacha que pasĂł por mis ojos silenciosamente pegada a mĂ a mi secreta manera de enredarme en las cosas de explicar un mundo indeciso sembrado con piedras
yo que creĂ que nada era nada en cualquier lugar de este mundo
y de pronto me di con tus sueños como con un golpe de mar sobre el rostro
y luego adiĂłs porque todo y nada puede explicarse en el amor y porque todo y nada se explica en nosotros y con nosotros.
(De En los Extramuros del Mundo)
De pronto perdĂ todo contacto contigo.
Ya no pude llegar al telĂ©fono, recordar ese nĂșmero y llegar a tu casa que no conocĂ.
Ya no pude volar sobre ti como todos los dĂas a las tres de la tarde estas pobres alas no dieron mĂĄs
y aquĂ me tienes ideando estas lĂneas que reflejan mis ojos cansados de ir caminando con la mente y las manos repletas de yerba.
Yo fui el primer sorprendido.
La extrañeza de ser dos aves hurgåndose el pecho y corriendo uno detrås del otro entre las matas y bancas del parque.
y éramos arrojados fuera de nosotros mismos y por esto fue que conocà tu ciudad
y me apreté contra ti buscando desesperadamente encontrarme en tus ojos y amé todas tus cosas
y tu mirada angustiada y esa seriedad para responderme a ciertas preguntas y cuestiones que nos diferenciaron para siempre de las personas nacidas antes de 1950
tu maravilloso instinto agresivo desarrollado contra los males del tiempo y portĂĄndote como en la mĂĄs furiosa embestida
en la batalla por un lugar en el taxi que nos alejĂł miles de cuadras mĂĄs cerca de la pasiĂłn de la vida
hoy miĂ©rcoles y no otro dĂa.
Porque ya es hora de ir poniendo las cosas en claro y mĂĄs que nada empezar a ser uno mismo
un solo obstinado bloque de rabia.
tĂș por todo lo que para mĂ reflejabas lo mĂĄs claro eres mi sopor antes de echarte a gritar por estos sitios malditos
aĂșn despuĂ©s de haber transformado esa palabrita bestialmente lĂșcida en una flor obsesiva
que yo no quiero acariciar ni comprender el suicidio mi amiga es una espera maldita.
como puede ser aguantarnos un par de horas mĂĄs en el parque en medio de un viento furioso que pugna por arrancar de raĂz lo mĂĄs nuestro de nosotros
y tĂș junto a mĂ convertida en mi aliento escuchĂĄndote aprendiendo de ti a la Molina no voy mĂĄs esa canciĂłn negra arde en mi pecho, me aplasta, levanta, avienta a decir no contra todo.
Cada uno recuerda su primera caĂda.
Cada uno recuerda paso por paso los pasos que fue dando y los que no dio porque en uno mismo estĂĄ el propio enemigo.
Y yo me levanto para luchar contra mĂ - y me tengo miedo.
Lo perfecto consiste en desabotonarnos el torso mientras vamos salvajemente penetrando en esta selva de arenas movedizas
y tu vida o mi vida no ruedan como esas naranjas plĂĄsticas que eludimos porque tĂș y yo somos carne
y nada mĂĄs que un fuego incendiando este verano.
La vida se abre como un sexo caliente bajo el roce de dedos reventando millares de hojas tiernas y hĂșmedas,
y no dijimos nada pero exigĂamos a gritos destruir la ciudad, esta ciudad ese monstruo sombrĂo escapado de la mitologĂa
devorador de sueños.
Y el musgo creciĂł como un verso clarĂsimo en tus ojos.
tĂș querĂas leer mis poemas aferrarte a ese instante de dulzura donde jamĂĄs hubo lĂmites entre uno y otro ser
y fuiste sĂłlo una muchacha que pasĂł por mis ojos silenciosamente pegada a mĂ a mi secreta manera de enredarme en las cosas de explicar un mundo indeciso sembrado con piedras
yo que creĂ que nada era nada en cualquier lugar de este mundo
y de pronto me di con tus sueños como con un golpe de mar sobre el rostro
y luego adiĂłs porque todo y nada puede explicarse en el amor y porque todo y nada se explica en nosotros y con nosotros.
(De En los Extramuros del Mundo)
